Italia – Día 8: Ave Cesar! Los que van a visitar Roma te saludan!

¿Sabéis eso que dicen de algunas ciudades que si das una patada a una piedra te sale un monumento? Pues en Roma esa piedra que habéis pateado probablemente sea en si misma un monumento.
Lo primero que hicimos fue ir andando hasta las proximidades del Castel Sant’Angelo ya que aquí se encontraba una oficina de turismo en la que pensábamos comprar nuestros pases para visitar Roma. Por el camino desayunamos algo y nos topamos con el Vaticano, no sin antes darnos cuenta de que teníamos una parada de autobús justo en frente del apartamento y que el día anterior nos habíamos pasado.

Ya íbamos con idea de qué coger, ya que yo me había estado informando antes del viaje, y lo que mejor nos salía era cogernos dos Roma Pass para Ana y para mí que tenían una validez de 3 días una vez los validaras por primera vez (osea en total cogimos 4, que a 20€ cada uno, nos salió por 80€).

Tiene por un lado un pase para todos los transportes públicos y por otro entrada libre a dos sitios que eligieras y un 50% en la entrada al resto de monumentos que eligieras. Aunque resulte obvio, he de decir que el Vaticano, al no formar parte de Roma, queda exento de estas ofertas. Y pensareis… ¿y Unai? Pues como aún era menor de edad, cumplió 17 esos mismo días, entraba gratis a todos los monumentos y museos público, y con bastante descuento a los privados, así que únicamente le cogimos un pase semanal de transporte.
Tras equiparnos con lo necesario para movernos por Roma todos los días, cogimos un autobús hasta el Monumento Nazionale a Vittorio Emmanuelle II, que al parecer puede visitarse por dentro, pero que a nosotros sólo nos interesaba verlo por fuera y que encima estaba en obras, así que esa pedazo mole plantada ahí únicamente nos sirvió como punto de referencia para muchas de nuestras excursiones.

Al lado se encontraban los foros trajanos, y nos acercamos hasta ellos para poder ver de cerca la famosísima Columna de Trajano, que por desgracia también estaban restaurándola y unos pocos andamios ocultaban su belleza. Es lo que tiene una ciudad plagada de monumentos como Roma, que para cuando acaban de restaurar unos tienes que comenzar con otros, y es un ciclo que nunca termina.

Al otro lado del Monumento se hallan los Museos Capitolinos, aquí estrenamos nuestro pase para los museos, Unai, como siempre, entraría por la patilla. Desde mi punto de vista merece la pena visitarlos aunque sólo sea por ver la estatua ecuestre de Marco Aurelio (una rélica se halla en el exterior de los mismos) que es la única estatua de bronce ecuestre que se conserva de época romana.

También está la auténtica Loba Capitolina, y unos cuantos restos de esculturas colosales que sorprenden por su enorme tamaño. Arriba tiene una terraza en la que disfrutar de las vistas que ofrece de Roma, al hallarse en una posición elevada son inmejorables.

Bajando por las escaleras traseras de los museos se llega al Foro Romano (Forum Magnum, ya que hay diferentes foros en la ciudad), del cual puede que hayáis visto miles de fotos o incluso estudiado miles de veces, pero nada es igual hasta que uno lo ve en persona y recorre sus calzadas. Es una pena que durante años los romanos decidieran no cuidar sus joyas históricas, pero al menos aún queda algo con lo que imaginarnos como fue en su día la capital del mayor imperio que se había conocido hasta entonces.

Atravesando éste se llega hasta el Coliseo o Anfiteatro Flavio, en el cual es más que probable que os encontreis unas colas considerables para comprar las entradas (11€ por persona).

Un consejo, acercaos hasta el Palatino, que está un poco más abajo en la misma calle. La entrada es conjunta para ambos sitios, y aquí apenas suele haber gente. Una vez con vuestras entradas podréis ver primero el que os parezca, yo optaría siempre por el Coliseo, ya que el Pallatino es una extensión de terreno muy grande.

Al ladito mismo del Coliseo está también el Arco de Tito, probablemente el más conocido de los arcos de triunfo.

Como ya había llegado la hora de comer y aún no habíamos hecho compras desde que llegamos a Roma, tocaba comer en algún restaurante… ¡y que suerte tuvimos! Encontramos un restaurante al lado del coliseo (ver foto) donde comí los mejores espaguetis que había probado nunca… mmm Unai se comió una Pizza, Ana y yo compartimos una Pizza y aparte un plato cada una. El total nos salió por poco más de 30€… tirado de precio, vamos.

Cerca del Coliseo se encuentra la Chiesa di San Pietro in Vincoli (San Pedro encadenado) donde se encuentran las cadenas con las que supuestamente encadenaron a San Pedro, de ahí su nombre, pero que es conocida sobretodo por encontrarse bajo su techo el Moisés de Miguel Ángel.

Después de recobrar fuerzas con unos helados, decidimos acometer en Palatino, al que le puedes dedicar un día tranquilamente porque es enorme, pero como nosotros sólo teníamos la tarde, nos dimos la gran paliza. Merece la pena acercarse sobretodo hasta el Hipódromo de Domiciano.

Así acabaron nuestro pobres piececitos tras un día agotador.
Así que como ya no podíamos más, tocamos retirada y fuimos hasta un super para comprar provisiones para el resto de días. Lo que parecía iba a ser fácil se convirtió en toda una aventura que nos hizo andar un par de kilómetros más, así que sin duda coger la cama a la noche fue lo mejor que en esos momentos nos podría haber pasado.
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2 comentarios en “Italia – Día 8: Ave Cesar! Los que van a visitar Roma te saludan!

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