Italia – Día 9: Volvemos seguro!

Tras la paliza del día anterior, decidimos tomarnos esta nueva jornada con más calma. Ya que los días de viaje se van notando cada vez más…
Comenzamos nuestra ruta cuando un autobús nos dejó cerca de la Fontana di Trevi, de primeras impresiona su enorme tamaño, pero lo que realmente me dejo estupefacta es su situación, se encuentra encajonada en una pequeña plaza, mientras que yo siempre me la imagine en medio de una plaza enorme. No obstante es tan bella como en las imágenes. Obviamente sucumbimos a la tentación turística de lanzar una moneda (volveremos algún día a Roma seguro, con moneda o sin ella, pero más vale prevenir) y nos sentamos un rato en los escalones que la rodean.

Como os había dicho nos habíamos tomado el día sin prisa, pero obviamente sin pausa, así que continuamos callejeando hasta que llegamos a la Chiesa di SantIgnazio di Loyola que teniendo en cuenta que es el patrón de Bizkaia parecía una visita imprescindible, pero no fue esa la razón que nos llevó hasta allí, sino el meritorio trampantojo con el que está decorado su techo.

Tras deleitarnos con lo que una pintura sobre un fondo plano puede conseguir, nos acercamos hasta el Panteon de Agripa. Una construcción romana con una cúpula casi impensable para la época, en la que una esfera cabría en su interior ya que la altura es igual al diámetro de ésta. Visto ahora ocn el paso del tiempo no resulta tan imponente, pero si lo imaginamos plagado de esculturas de los dioses romanos y cubierto de bronce… (bronce que por cierto se utilizó para el baldaquino que se encuentra en el Vaticano)
Para mi sin duda es uno de mis lugares favoritos, sobre todo por el misticismo que aun conserva y por ser un claro ejemplo de lo que el hombre siempre ha sido capaz de hacer: edificios majestuosos e imperecederos.

Seguimos callejeando por Roma hasta toparnos con la Piazza Navona, en la que por desgracia estaban restaurando la Fontana dei Quattro Fiumi (Fuente de los Cuatro Ríos) de Borromini, y que se encontraba totalemente cubierta, así que tendré que verla en otra visita.

De aquí nos fuimos hasta el Castel Sant’Angelo, en el que como ya habíamos gastado las dos “entradas gratuitas a monumentos” de la Roma Pass, teníamos que pagar la mitad aquí; pero como nadie comprobó en cuantos sitios habíamos entrado ya… pues nos salió gratis.

Incluso con lo que nos ahorramos nos tomamos algo en la terraza del Castillo. Que por si no lo sabeis era un mausoleo de época romana que comenzó Adriano, y que como otros tantos monumentos históricos se cristianizó.
Y pensareis… ¿y esto es un día tranquilo? Pues sí, aquí hay mucho que ver y cada vez que doblas una esquina aparece alguna ruina romana, iglesia renacentista o escultura de renombre, así que aunque vimos un montón de cosas nos desplazamos muy poco, y todo a pie. Ese día nos fuimos pronto al apartamento a descansar… y a montarnos un tenderete de la leche en el patio para que se nos secara la ropa (jeje)
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