Londres – Día 2: Una amistad por el camino

Comenzaba nuestro primer día en Londres, y tras habernos informado por internet fuimos a ver el Palacio de Buckingham, y el cambio de Guardia Real que va a caballo, y que no es el mismo que el de Palacio, ya que en invierno no se realiza todos los días.

Como todos los días que estuvimos allí, cogimos un autobús, nos plantamos en el piso de arriba para tener mejores vistas y fuimos hasta cerca del Palacio, donde hay una tumba al soldado desconocido para hacernos unas fotos.

Después de ver el Palacio por fuera, que no es gran cosa, de hecho podríamos decir que es bastante feo, fuimos dando un paseo por unos jardines que están al lado, jugando con las ardillas, bueno, más bien jugaban ellas con nosotros, porque las muy cucas hacen casi lo que haga falta para conseguir su botín.

Ahí tuvimos que hacer tiempo para ver el cambio de Guardia, que a caballo es bastante aburrido, unos entran otros salen… y si no fuera porque van a caballo y con esos trajes tan… peculiares, dejémoslo ahí, no merecería en absoluto la pena.

Aquí nos encontramos con Milagros, una chica argentina que estaba de viaje ella sola. Había venido a visitar a su novio que estudiaba en Francia, y aprovechando el largo viaje a Europa estaba visitando algunas ciudades antes de regresar… como nos vio hablando en castellano nos pregunto unas dudas que tenía, una cosa llevó a la otra y se unió a nuestro camino.
Desde este punto se puede ir paseando y visitando el nº10 de Downing Street, que es donde vive el Primer Ministro británico, la abadía de Westminster, en la que te cobrar un pastón por entrar, si no recuerdo mal unas ¡¡12 libras!!, las Casas del Parlamento, y ese reloj tan mono y que no sale en casi ninguna foto de Londres…

Si hombre, seguro que os suena, es así como alto y está al lado del Támesis, haced memoria… venga os doy una pista: empieza por Big y acaba por Ben…

Bueno, tras las pertinentes fotos (unas dos o quince) fuimos por la orilla del río paseando hasta que nuestro estómagos no dieron más de si y tuvimos que hacer una parada para comer. Era febrero, y aunque en teoría tenía que hacer un frío aterrador, hacía un solecito muy rico que, aunque abrigados, invitaba a comer en uno de sus numerosos parques, y así lo hicimos.

Nos cogimos nos sandwiches, algo para picar y unas bebidas y nos unimos a la multitud de oficinistas y trabajadores en general que salían a comer a la calle. Después de un pequeño tiempo para el relax, seguimos nuestro camino, la idea era ir por la orilla hasta el Tower Bridge, y los cierto es que en el mapa, parecía estar a la vuelta de la esquina.

Claro que antes tuvimos tiempo de pasar por la Tate Gallery, muy recomendable para los amigos del arte, claro, el Shakespeare’s Globe Theatre, que es una reconstrucción del teatro donde se estrenaron las obras del dramaturgo.

Aún antes de llegar al infame puente, a estas alturas ya creíamos que no llegaríamos nunca andando, hicimos una paradita, en la que milagros nos preparo el famoso mate argentino. Toda una experiencia, aunque no apta para los poco amigos de las infusiones.

Cuando nuestro pies se habían repuesto un poco de tanto caminar, cruzamos de nuevo el Támesis, esta vez por el famoso, y precioso, puente que está junto a la Torre de Londres y que le da nombre.

Desde mi punto de vista esta debería ser la imagen de Londres, no el Big Ben, que como opinión personal os diré que no me gusta nada, pero bueno, es lo que tiene la fama… que siempre es injusta (jeje)
Y como aún no habíamos visto casi nada (ejem) cogimos un autobús, nos negábamos a caminar más, hasta el Museo Británico, por cierto, hay que hacer una mención especial al hecho de que los museos de Londres son gratuitos, si señor, así sí que se apoya la cultura, no con el dichoso canon.

Lo más destacable de este museo, además de su precioso atrio, son a mi entender, la piedra Roseta, que históricamente fue muy importante pero estéticamente no es que aporte mucho, y sobre todo los Frisos de Partenón, que estos inglesitos siguen negándose a devolver, a pesar del faraónico proyecto de restauración del mismo que ya se está acometiendo.

Por último, como si fuera poco todo lo que habíamos visto y fotografiado, nos acercamos hasta Picadilly Circus, con sus neones que parecen llevar ahí toda una vida (aunque nada comparable a Times Square, por supuesto, pero eso hasta febrero, no lo podré corroborar)
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