Francia – Día 14: El pueblo del silencio

Este día nos acercamos hasta Veyrac primero para ver su famoso puente fortificado, es una pena que no se pueda una acercar hasta él, ya que pertenece a unos terrenos privados, pero bueno, como nos quedaba que camino hacia Oradour-Sur-Glane, allí que nos fuimos.

Oradour es un pueblo que fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y que decidieron conservar tal como lo dejaron para que no se olvidase nunca lo que sucedió allí. Casualmente en el museo que hay antes de entrar al pueblo, había una exposición sobre el bombardeo de Gernika.

Una vez visto el museo, que por cierto nos gustó mucho el detalle de que las explicaciones también estuvieran en euskera, nos adentramos por las calles del pueblo mártir.

Lo cierto es que casi todos nosotros hemos oído historias de lo que paso en Gernika, de como quedo el pueblo, del olor a hollín por todas partes, y aquí te haces una idea de lo que fue.

Un montón de coches destrozados, casas totalmente derruidas, etc. Incluso el ambiente de todos los que estábamos allí era desolador. Apenas se oía a a la gente hablar, más bien todos/as susurrábamos sobre las cosas que íbamos viendo.

Desde luego un lugar que merece mucho la pena ver, para recapacitar y pensar sobre las personas son capaces de hacer cuando no vemos más allá de nuestro odio y el ansia de poder.
Decidimos comer en un área que hay en el mismo pueblo (en el que se ha ido construyendo al lado del bombardeado), pero una “jauría” de avispas asesinas deciden no dejarnos dar bocado, así que después de haber sacado todo, recogemos y nos vamos con el picnic a otro sitio. A un pueblo de cuyo nombre no consigo acordarme y que supuestamente había sido elegido uno de los más bonitos de Francia.

Nosotras no conseguimos verle nada del otro mundo, así que después de comer, recogimos los bártulos y nos acercamos hasta Rochechouart.

Aquí nos llevamos la sorpresa de que estaban celebrando un festival medieval, así que nos entretuvimos bastante viendo los puestos, bailes, y actividades típicas de la época.

Además descubrimos a un hermano gemelo de nuestro tío Jesus. Todo un descubrimiento sobre el que aportamos pruebas gráficas para que vosotros también lo corroboréis. Que hombre tan simpático, no hacía más que guiñarnos el ojo y sonreír hacia nosotras.

Íbamos a quedarnos a ver un espectáculo nocturno de justa, pero como comenzó algo así como el diluvio, nos fuimos hasta un pueblo cercano a comer. Buscamos gracias al GPS un restaurante italiano, y tenemos que agradecerle a Aurori la elección, porque el sitio nos gustó mucho.
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