Barcelona – Día 1: Kilómetros por carretera y a pie

Salimos pronto de casa con la idea de llegar al apartahotel para comer. Aunque no demasiado pronto, porque a ninguno nos apetecía madrugar demasiado, y total tampoco llevábamos especial prisa.
Después de sentirnos expoliados pagando los dos tramos de autopista que hay que tomar, llegamos a Barcelona sobre las 13:30. Encontramos el sitio sin problema, está muy cerca de una de las salidas de la autopista y el GPS funciona de maravilla.
Nos acomodamos en la habitación del Apartaholet Bertran, en la calle con el mismo nombre, conectamos el iPhone en el Mac, y una vez que tuvimos acceso a internet y llamamos a nuestros progenitores nos dispusimos a comer.

Por la tarde la idea era hacer un pequeño reconocimiento de la ciudad, y ya de paso si cuadraba ver algún sitio de esos que no te puedes perder.
Para empezar nos fuimos hasta la famosa Casa Mila, o la Pedrera. Por la enorme cola a sus pies y los pocos días que íbamos a estar en la ciudad nos decidimos a seguir nuestro camino, ya subiremos a sus terrazas en otra ocasión.
Muy cerca de ella se encuentra también la Casa Batlló, que a mi personalmente me gusta mucho más que la Pedrera, por su bonita decoración exterior.
Dimos un pequeño rodeo para volver a la Avenida Diagonal donde nos topamos con la Casa de les Punxes, y ya no la abandonamos hasta que avistamos de cerca las torres de la Sagrada Familia.
Tanto Ana como yo ya habíamos estado en ella, pero claro de eso hace ya unos cuantos años, y su evolución es espectacular. Y esos que las obras van poco a poco, pero en estos tiempos que corren es curiosos ver como en cierto modo se construye una catedral como las de antes, sin prisa por acabarla, muy poco a poco, casi viviendo su construcción por generaciones.
Después de degustar su arquitectura y como ya nos habíamos dado un buen paseíto, nos cogimos unos helados en el McDonald’s que hay al lado y nos sentamos en la terraza.
Mientras nos tomábamos los helado intentábamos encontrar un medio de transporte que nos acercara hasta el Parque Güel, finalmente el metro parecía la mejor opción y allí que nos fuimos.
No sin antes tener que subir por sus empinadas laderas, y eso que algún tramo lo salvamos con sus escaleras mecánicas, pero hay mucho que subir, y una vez arriba la falta de oxigeno era considerable. Qué manía de subir a las alturas tenemos, ¿no?

Fuimos caminando por sus lugares más típicos sin ninguna prisa, pero sin detenernos demasiado tampoco.

Y cuando creíamos haberlo visto todo cogimos rumbo de vuelta a nuestro apartamento, ya que para nosotros el día había amanecido temprano, y ya habíamos podido saborear lo que Barcelona podía ofrecernos.


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