París 2010 – Día 2: Un lugar para el arte y un viaje al que apuntarte

** Relato de Ana **

Nos levantamos prontito para aprovechar bien el día, y tras asearnos y desayunar nos fuimos hacia la parada del metro, esta vez no para cogerlo, sino para comprar nuestros pases Navigo, para las zonas 1-2 que podríamos utilizar durante toda la semana. Una vez con ellos en nuestro poder, nos fuimos hacia la parada de autobús que nos dejaba más cerca del Sacre Cour.

El Sacre Cour, al final de un sinfín de escaleras...

El Navigo lo usamos también para el funicular, que así al menos nos ahorrábamos las escaleras. Tras disfrutar de las vistas y entrar dentro, nos dedicamos a callejear un poco por la zona, lo que más nos gustó a las tres fue el ambiente de la zona de Montmartre.

Hasta las escaleras de este barrio parisino son un símbolo reconocido

Muy típicas son sus numerosas escaleras que ascienden hasta el punto más alto de la ciudad. Nos dirigimos al Au Lapin Aguile, que es el cabaret más antiguo de París, podéis encontrarlo en el nº 22 de la calle Saules. Es un edificio color salmón que destaca entre los demás, y que hoy en día sigue ofreciendo espectáculos a un público cosmopolita. Por esa misma zona dimos con otro par de sitio de interés, de esos que el camino te va “regalando” sin que te lo esperes.

Au Lapin Agile, el primer cabaret de París

Como la Maison Rose, o casa rosa, en la esquina entre las calles Saules y l’Abreuvouir, famosa porque el pintor Maurice Utrillo la inmortalizó en su momento, y porque en cierto modo representa el pasado de Montmartre. De ahí seguimos callejeando hacia la Place du Tertre, o plaza de lo pintores, llamada así porque está invadidas por un montón de pintores que intentarán venderte su arte… y te perseguirán si hace falta para hacerte un retrato… como les preguntéis por el precio estáis perdidos… jeje

Maison Rose, el pasado de Montmartre en el presente

Seguimos el paseo en dirección al Moulin Rouge, mundialmente conocido, más aún después de su correspondiente película (que nos encanta!!), desde luego es un símbolo de París y del barrio que lo acoge. Hacemos las fotos de rigor, y nos lamentamos por los precios de sus cenas y espectáculos (nos parecen excesivos).

El Moulin Rouge, solo pudimos verlo por fuera...

Como ya llevamos un buen rato andando decidimos darnos el lujo de descansar en frente y tomarnos un café, por el módico precio de ¡4 eurazos! Tras ese pequeño descanso y una animada charla decidimos seguir con la ruta que nos había propuesto, o impuesto según se mire, Amaia.

Pero antes, como nos pillaba de camino nos acercamos a un Fnac de Saint-Lazare para recoger las entradas de Disney, así ya lo dejábamos hecho. Seguimos por la Rue Saint-Lazare hasta la Église de la Sainte-Trinté, el parque que se encuentra frente a ella parece profundizar sobre el simbolismo del 3…

Decidimos entonces que era hora de comer, y la verdad es que la zona no podía ser más propicia, teníamos mucha oferta, así que sólo hacía falta decidirse. Pero antes y aprovechando que pasamos por delante de la Ópera de París, pues nos hacemos unas fotos, no?

Ópera de París

Finalmente entramos en un Pizza Hut, solo puedo decir ¡Buffet libre! jeje, y sin Unai, nos va a matar, pensamos… Con la panza llena nos vamos hasta las Galerías Lafayette, a ver si subiendo y bajando escaleras mecánicas quemamos lo que hemos comido. Primero vemos su preciosa cúpula y nos perdemos un poco entre sus plantas.

Desde la azotea de las Galerias Lafayette hay muy buenas vistas

Después subimos hasta la azotea, desde donde se ven unas preciosas vistas de París. Como aún no estábamos demasiado cansadas nos dirigimos andando hacia La Madeleine a pocos metros de la Plaza de la Concorde, que también visitamos. Es como un templo clásico, sólo que construido unos miles de años después. Dimos un pequeño paseo a orillas del Sena hasta el Pont Alexandre III, o el puente de Anastasia, porque quién no se acuerda de la película cuando ve sus esculturas doradas, y se imagina ahí a Rasputin y demás compañía…

La Madeleine

Como parecía que empezaba a llover, cogimos el metro en la parada de Invalides de vuelta al apartamento, no sin antes parar en el supermercado para hacer unas compras para cenar y desayunar al día siguiente, que ya seríamos más bocas que alimentar.

** Relato de Amaia **

Bueno, el viaje por fin comenzaba para Unai y para mi. Llegamos a Hendaya sobre las 20:30, o sea que con tiempo de sobra y buscamos un buen aparcamiento para el coche… hay un aparcamiento en la estación pero es demasiado pequeño y finalmente tuvimos que dejarlo en la calle (por cierto, estaban en obras y ya cuando llegamos el domingo se podía aparcar, por lo que había más plazas)

Un largo viaje nos esperaba...

Nos montamos al tren sin mayor novedad y buscamos nuestras literas… están bastante bien, te dejan además un kit de agua mineral , tapones y toallita refrescante; aunque la almohada podría mejorar, y mucho. Pensábamos que tendríamos suerte y viajaríamos solos, pero en una de las paradas se subió un señor que nos privó de poder vernos unas buenas pelis en el ordenador… que se le va a hacer, nos dedicamos a dormitar durante todo el viaje… lo mismo dormíamos una hora que nos despertábamos dos…

Eso sí, corroboramos que hace mucho, muchísimo calor… y eso que íbamos sobreaviso, y estuvimos en manga corta todo el viaje…

Gastos del día:

  • Pases Navigo –> 21,80 x 3 = 65,40 €
  • Cafés en Pigalle –> 4 x 3 = 12 €
  • Comida en Pizza Hut –> 37,5 €
  • Compras supermercado –> 16,16 €
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