París 2010 – Día 3: Lluvia matutina y paseo por la zona latina

Unai y yo llegamos a las 7:15 a la estación Austerlitz de París, todo según el horario previsto. Cogemos nuestras maletas y nos vamos en busca de la estación de metro. Como no nos entendemos con la de la ventanilla para sacarnos nuestros pases Navigo, cogemos dos tickets sencillos para ir hasta el apartamento.  Allí habíamos quedado en llamarles para que nos pasaran a recoger e ir al apartamento a desayunar todos juntos…

Después del desayuno y de pegarnos una duchita, previa visita guiada del apartamento, cogemos nuestras cosas y como llueve, decidimos cambiar el plan original por ir a un museo… el elegido fue el Musée D’Orsay [web del museo].

Interior del Museo d'Orsay

Así que cogemos nuestros Paris Museum Pass y nuestro Pilot Frixion y ponemos nombre y fecha del día para empezar a utilizarlos. Antes de coger el metro Unai y yo, esta vez sí, nos compramos nuestros respectivos pases Navigo.

Al llegar ya hay una cola considerable… que se fue agrandando poco a poco a medida que pasaba el tiempo, así que ni tan mal. La cuestión es que la cola es igual si llevas entrada/pase ya que es para pasar el detector de metales, así que, a esperar toca. Unai tiene que pasar por taquilla, bueno en realidad en taquilla nos dicen que vaya directamente a las puertas donde controlan las entradas que allí le dan su pase, simplemente presentando el carnet/pasaporte te dan la entrada gratuita.

Unai y Ana en una foto solos y juntos… casi un milagro?

Un 10 para Sarkozy en este tema, ya que hay que acercar la cultura a la gente, y a los jóvenes ponerles las cosas fáciles… aunque no estaría de más que todos los museos fueran como en Londres gratuitos… Bueno, en el museo destacan sobre todo sus obras impresionistas.

Van Gogh, Monet, Gaugin, Renoir… si os gusta el género aquí podréis disfrutar en cada sala. También existen salas dedicadas a las artes decorativas, especialmente a elementos del Art Nouveau, que personalmente es un movimiento que me apasiona.

El cuadro "La siesta" de Van Gogh que en su día me valió un buen premio 😉

Fue en sus inicios una estación de ferrocarril, caída en desuso en los años 30; el propio edificio se puede considerar parte de la colección, y merece una visita sólo por disfrutar de su arquitectura. Saciados ya del arte de las vanguardias, al menos en parte, nos despedimos de nuestro amigo Vincent y nos vamos hacia el Barrio Latino.

Au revoir Vincent!

Cogimos el autobús. Lo cierto es que el metro está muy bien, es superrápido y tal, pero… y la comodidad del autobús? sobre todo para traslados cortos y además te ofrece la posibilidad de ir viendo la ciudad que te rodea… además las paradas están muy bien indicadas, con todo tipo de información y paneles donde te indican cuanto falta para que llegue el siguiente. Sólo tiene que darse la casualidad de que al sitio que tu quieras ir vaya un autobús, de ser así yo lo prefiero al metro…

Total, que nos bajamos en la parada de Panteón, en el corazón del Barrio Latino, monumento neoclásico cuya construcción comenzó en el siglo XVIII. En principio debía ser una iglesia, pero el edificio fue acabado durante la Revolución Francesa, así que la asamblea lo destinó como mausoleo, donde descansan ilustres personajes del país: Voltaire, Rousseau, Marat, Victor Hugo, etc.

En el exterior del Panteon

Un pequeño texto de la Wikipedia sobre su arquitectura:

El pórtico de columnas sobre el que descansa un frontón clásico está inspirado en el Panteón de Agripa, en Roma, mientras que la cúpula se inspira en la de la catedral de San Pablo en Londres, siendo ambas herencia del Tempietto de San Pedro in Montorio de Bramante en Roma.

Por cierto para entrar volvimos a utilizar el pase de museos, Unai by the face, como siempre. Una de las cosas que destaca del Panteon es que aquí se encuentra el famoso Péndulo de Foucault, que eligio el edificio por la gran altura de este, facilitando el experimento. Mediante su oscilante ir y venir, se pudo demostrar la rotación de la tierra.

El Péndulo de Focault, historia viva de la física

Salimos del enorme mausoleo,y bordeándolo por su izquierda nos encontramos con la bonita Saint-Étienne-du-Mont, en parte gótica y en parte renacentista. Tal vez sea precisamente esa amalgama de estilos lo que le confiere un aspecto único pero muy coherente.

Una iglesia preciosa

De todas formas ya teníamos ganas de comer, así que buscamos algo por el Barrio Latino, probablemente el sitio donde es más fácil de encontrar buena comida a un precio asequible y tras sopesar varias opciones nos decidimos por el restaurante La Petite Périgourdine, en el nº 39 de la Rue des Ecoles, un acierto total y absoluto.

En el menú podías elegir o entrante + plato del día + bebida (agua, vino o cerveza), o bien pkato del día + postre + bebida. Ana, Marian y Marivi eligieron la primera opción, Unai y yo la segunda que de primero las ensaladas no nos convencían demasiado. Las ensaladas no triunfaron demasiado, pero no llegaron a un acuerdo de si era por el aliño, la col o el queso… Por suerte para Unai y para mi el postre era de chocolate… mmmm.

Mmmm rico-rico

El plato del día era un filete con salsa de queso rico riquísimo, y patatas fritas estilo chips, igual de ricas riquísimas. Pasamos un rato agradable en el restaurante, eran ya las 3 de la tarde para cuando nos pusimos a comer y bueno, nos dedicamos, a parte de a llenar el buche, a charlar un poco y dejar pasar el tiempo… que aunque nos encante ver y ver más cosas, también hay que dedicar tiempo a la contemplación, no?

Siguiendo por esa misma calle llegas al Museo Nacional de la Edad Media [página web], también conocido como Museo Cluny, aunque teníamos otras preferencias y en este decidimos no entrar y sólo vislumbrarlo un poco desde su exterior. Personalmente, creo que merecía la pena, pero bueno, lo dejamos para otra visita… ains, que siempre hay que dejar algo pendiente para volver, hombre…

Museo Nacional de la Edad Media.. otra vez será!

Nos acercamos a orillas del Sena por el Boulevard Saint-Michel, desde donde se puede ver la fachada principal de Notre-Dame, pero esa parte de la ciudad la visitaremos otro día, así que nos centramos en la Place Saint-Michel y en su gran Fontaine del mismo nombre, que ocupa la pared lateral de un edificio de 6 plantas. A ambos lados del santo, dos dragones echan sendos chorros de agua, desde luego una fuente monumental, no llega a tener la importancia de la Fontana di Trevi, pero por tamaño, se le acerca y mucho…

Callejear por París es un placer

Callejeamos un poco por esa zona, hasta que dimos con Saint-Germain-des-Prés, una abadía que alojó un importante scriptorium en el siglo XI. Vereis soy una fan redomada de la época del románico y del año 1000, de la llamada época oscura de la Historia, que en realidad no lo fue tanto… y bueno, todos estos sitios me atraen sobremanera, y aunque, a veces, ya casi no quede nada del original, me gusta acercarme a estos sitios que tantas veces he estudiado, y sobre los que he hecho muchos trabajos, para imaginarme allí, en el mismo sitio donde estuvieron sus autores…

En su interior descansan los restos de René Descartes, así que en cierto modo podemos considerar que se le ha vuelto a dar el protagonismo intelectual que se merece. Muy cerca está la Église-de-Saint-Sulpice, la segunda mayor de París, sólo por detrás de Notre Dame. Por cierto su fachada estaba en obras así que solo pudimos disfrutar de su interior.

Siguiendo los pasos de El Código daVinci

Tiene una cosa muy peculiar, y es que una de sus columnas marca la hora del día proyectando su sombra en el suelo. La línea de latón rosa que la recorre, saltó a la fama gracias a El Código DaVinci, así que si eres fan o si simplemente has leído el libro y te gusto, no dejes de acercarte a uno de los puntos por donde “pasó” Robert Langdom. Aunque la realidad, en este caso difiere de la ficción del libro, pero bueno, porqué no dejarnos llevar un poco por la narrativa…

Seguimos por la Rue Bonaparte hasta los Jardines de Luxemburgo, para cuando llegamos no quedaba mucho tiempo para su cierre, pero bueno, disfrutamos el tiempo justo de sus sillas. Sobre todo en verano es una delicia ir a descansar a estos jardines después de un duro día recorriendo la ciudad.

Los jardines de Luxemburgo siempre son un buen sitio para descansar

El Palacio de Luxemburgo es, actualmente, la sede del Senado francés. Al parecer, debemos su construcción, tanto del palacio como de los jardines, a la añoranza de su tierra natal de Maria de Medicis, la Toscana, construyendo así su propio palacio a la italiana.

El cielo comenzaba ya a oscurecerse, así que volvemos al metro para regresar al apartamento, no sin antes hacer nuestra visita diaria al super para proveernos de viandas para la cena y el desayuno del día siguiente.

Gastos del día:

  • Pases Navigo –> 21,80 x 2 = 43,60 €
  • Comida en La Petite Perigourdine –> 68 €
  • Compras en el super –> 9,96 €

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