París 2010 – Día 6: Haciendo una visita al jorobado, subir y mirar hacia otro lado

Sexto día en París, día de frío y viento, pero al menos parecía que no iba a llover, así que bien, no podemos quejarnos. Nos levantamos esta vez algo más tarde, los planes de día no eran tan apretados así que disfrutamos más tranquilamente del desayuno y la ducha matutina.

Empezamos el día (turísticamente hablando) yendo en autobús hasta la Isla de la Cité, en medio del Sena. En ella se encuentra uno de los monumentos más conocidos de la ciudad, la Catedral de Notre Dame. ¿Quién no ha oído hablar del amor de Quasimodo por Esmeralda?

Notre Dame, una de los templos más bonitos que he visto

A mi, personalmente, me parece preciosa. Muy proporcionada y con la ornamentación justa para resaltar cada una de sus partes. Lo mejor es que puedes verla con comodidad por todas sus esquinas, ya que está rodeada de parques y jardines, y no enclaustrada entre otros edificios, como les pasa a otras. Lo primero de todo, a parte de hacernos unas fotos, es meternos en su interior, donde coronaron al mismísimo Napoleón, o beatificaron a Juana de Arco.

Por dentro es casi tan bonita como por fuera

Después de maravillarnos con el aire místico que se respira entre sus muros, salimos hacia la torre norte, por la que se puede subir para disfrutar de unas vistas de París impresionantes.

Subes unas 265 escaleras muy estrechas, con alguna paradita por el camino para coger aire, y das a la Galerie des Chimières. Donde, además de la enorme campana Emmanuel, están las famosas Gárgolas y Quimeras que custodian la Catedral. Para mi, la más especial siempre ha sido la que parece mirar embelesada hacia París. Recordad que estas figuras son quimeras, y no gárgolas como se suele pensar, ya que las gárgolas servían para desaguar y las quimeras eran meramente decorativas.

Una de mis imágenes favoritas

Pues tras dejarnos los pulmones subiendo, y las rodillas bajando, nos fuimos hacia la Sainte-Chapelle, que está a sólo unos pasos de la Catedral. Fue construida específicamente para albergar las reliquias que adquirió el rey Luis IX, y que le costaron un potosí, por lo que es considerada un enorme relicario.

La Capilla baja, está dedicada a la Virgen, y fue edificada principalmente como elemento arquitectónico, para soportar el peso de la superior. Pero es la Capilla alta la que llama poderosamente la atención, con sus altas y coloridas vidrieras que narran la historia de los reyes David y Salomón, siempre acompañados por personajes reales de la época, claro está.

No pudimos disfrutar del todo de sus vidrieras…

Nosotros tuvimos la desgracia de que las estuvieran restaurando, así que toda la magia que se crea en su interior al atravesar la luz los miles de cristales de colores, se quedó en nada. Qué se le va a hacer…

Para compensar la decepción, nos tomamos unos chocolates y unos croissants en una cafetería de enfrente, y así descansábamos un poco del palizón de subir a Notre Dame. Los chocolates muy ricos, y los croissants, también, y además el camarero muy simpático, así que repetiría. Se llamaba, si no recuerdo mal, Café les Deux Palais, era un poco caro, pero bueno más o menos en la línea de París.

Tras el amaiketako de rigor, joe casi no perdonamos ni uno, nos fuimos hacia la Conciergerie, que estaba también ahí al lado. Es un sitio al que probablemente si tuviera que pagar la entrada, exclusivamente, no entraría, pero como nos entraba en nuestros pases (que ya habían sufrido más modificaciones que cualquier catedral que se precie), pues pa’lante.

Estos espacios, libres de cualquier adorno, son muy especiales

Fue sede del poder Real durante muchos siglos, y reconvertida en prisión en el S.XIV, tras el abandono del palacio de Carlos V. Ésta ocupaba toda la planta baja, y entre sus muros estuvo reclusa la mismísima Maria Antonieta. Nosotros, ya lo veis, experimentamos también lo que era estar recluidos en ese antiguo Palacio.

Yo les hubiera dejado ahí una semanita...

La Salle des Gens d’Armes, a la que se accede nada más entrar servía de comedor al personal de la corte Real, y podían entrar unas 2000 personas. Creo que es un sitio con un ambiente muy especial, sobre todo ahora que te encuentras la piedra desnuda, sólo iluminada por tenues focos.

Salimos ya de la Conciergerie, y cruzamos el Pont au Change para a la Tour Saint-Jacques, situada en una plaza con su mismo nombre. Era en su origen el campanario de la desaparecida Iglesia de Saint-Jacques de la Boucherie, que servía como punto de reunión y partida de los peregrinos que iniciaban su camino hacia la capital gallega.

Si sigues por la misma Avenue Victoria te topas de frente con el grandioso Hôtel-de-Ville, que se trata del ayuntamiento de París. A sus pies habían instalado una pista de hielo, y unos cuantos patinadores nos entretuvieron con sus filigranas y caídas, éstas últimas nos entretuvieron bastante, la verdad. A su izquierda, siguiendo por la Rue du Renard llegamos hasta el Centre Georges Pompidou, un museo de arte moderno al que no entramos, y en el que podéis encontrar obras de arte moderno [Web del Museo].

El ayuntamiento de París, en la línea de sus majestuosos edificios

Se trata de un edificio cuanto menos curioso, que desde luego no deja indiferente a nadie. Creo que es una de esas cosas que o te encantan o lo odias. Nuestro destino era un museo, pero no este, así que pasamos de largo. Torcimos a la derecha por la Rue Rambuteau y después a la izquierda por la Rue du Temple, en la que te encuentras el Musée d’Art et d’Historie du Judaïsme, que recorre la truculenta historia de los judíos franceses y europeos.

Callejeamos un poquito más hasta dar con el Hòtel de Soubise, en el que debe merecer la pena perderse un poco entre sus muros (como sólo lo vimos de refilón y por fuera, nos quedamos con las ganas). Nuestra intención era ir al Museé Nationa Picasso (Web del Museo), pero resulta que estaba cerrado por reformas, de hecho lo estará creo hasta 2012, y sus obras han debido ser repartidas en exposiciones temporales por todo el mundo. Pues nada, ya volveremos algún día para verlo.

En la Place des Vosgues vivieron algunos ilustres personajes

De todas formas fue bonito deambular por entre las calles del conocido como arrondisement du temple y el barrio Le Marais. Tras la decepción sufrida al ver las puertas de museo cerradas, nos fuimos hacia la Place des Vosges, una cuadrada plaza (140×140 metros) residencial en la que vivieron insignes personajes, como por ejemplo Victor Hugo en su número 6, el Cardenal Richelieu en el número 21, etc.

Salimos por la Rue de Birague, y torciendo a la izquierda ya se distinguía la enorme Columna de Julio, de la Place de la Bastille. Aquí se hallaba la fortaleza del mismo nombre, que fue destruida durante la Revolución francesa. Para entonces ya era hora de comer y estuvimos mirando un poco los restaurantes de la zona, pero ninguno nos convencía demasiado, así que pensamos que mejor cogíamos un autobús hasta el apartamento y comíamos allí, y cenábamos a la noche fuera, para ver el ambiente nocturno de la ciudad.

Entrada a nuestro apartamento

Y eso hicimos. Para cuando acabamos de comer eran casi las 17:00 así que dedicamos parte de la tarde a descansar, echarnos una siesta, leer… cada uno decidió qué hacer. Y sobre las 20:00 salimos de nuevo a la calle. Cogimos otro autobús, hasta el Pont-Neuf por que de aquí salían unos Bateux para surcar las aguas del Sena, para los que teníamos unos cupones descuento.

Nos ahorramos unos eurillos con ellos, y casi todas las compañías que recorren el río son un poco parecidas, así que por el descuento elegimos la de Bateaux les Vedettes du Pont-Neuf. Suelen tener también ofertas en su página de internet así que echarle un vistacillo. Haciendo tiempo hasta la hora en que zarpaba el bote, paseamos primero por la Ille de la Cité, e inmortalizamos una vez más Notre Dame, esta vez iluminada.

Notre Dame de noche, tan espectacular como de día

El recorrido del barco dura más o menos una hora, y te lleva hasta los pies de la Torre Eiffel. Nosotros fuimos fuera todo el rato, pasando un poco de frío, la verdad, pero merece la pena disfrutar de la ciudad desde el propio río. Cuando nos bajamos del Bateux, cogimos el metro hasta la zona donde teníamos el apartamento y buscamos un restaurante para cenar.

Mmmmm nos encanta la pasta!!

Elegimos otra vez un italiano (¡Nos encanta la pasta!) en esta ocasión el Pizza delArte (Web).

Gastos del día:

  • Amaiketako chocolates/croissants –> 35 €
  • Paseo en Bateux –> 5 x 8 = 40 €
  • Cena de Pizzería delArte –> 65,20 €
Anuncios

Un comentario en “París 2010 – Día 6: Haciendo una visita al jorobado, subir y mirar hacia otro lado

  1. Pingback: El blog cumple 5 años!! | el blog de AMAIA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s