Estambul – Día 4: ¿Y si nos vamos a Asia?

Después de la dura vuelta, de hacerme más o menos a la idea de que no volveré a pasar junto a Santa Sofía como cada día, ni nos despertará la llamada a la oración de las 6 de la mañana, continuo con el relato del viaje…

Nos levantamos otra vez prontito para aprovechar bien el soleado día que nos brindaba Estambul, y después de desayunar nos dirigimos hacia Eminonü, para coger el ferry que nos levaría hasta Anadolu Kavagi, o lo que es lo mismo, el crucero largo. Sale a las once menos veinticinco en punto del muelle, y supongo que en verano conviene ir con antelación para no quedarte en tierra.

El mulles está justo enfrente de la Yeni Camii

Bueno, creo que en verano hay otro que sale a la una y media del mediodía, o algo así. La taquilla está justo en frente del paso subterráneo que viene desde la mezquita nueva, a la derecha del puente Galata si lo miras de frente, y pone Bogaz Iskelesi… no tiene pérdida.

Fue una gozada poder disfrutar de las vistas desde el exterior del barco, aunque hacía un poco de frío si te colocabas en el lado del barco que daba el sol, se estaba de vicio… Primero te vas despidiendo de Estambul, con la silueta de las mezquitas y sus minaretes recortados sobre el cielo…

Estambul desde el Bosforo

También es una oportunidad para ver las murallas de Rumeli Hísari, unas murallas que me hubiera gustado ver en tierra, aunque desconozco absolutamente como se podrá ir hasta ahí, y además con los días con los que contábamos… pues ni plantearlo.

Rumeli Hísari, un sitio muy interesante, si se tiene el tiempo suficiente...

Otro de los puntos fuertes del trayecto en barco es pasar un poco de envidia viendo las casitas que han construido a orillas del Bósforo, un montón de bonitas casa de madera, de todos los tamaños, formas y colores posibles, en una sucesión de lugares “paradisiacos” en los que vivir… ains, qué envidia más insana 😀

Multitud de casoplones con su muelle, barco, etc.

Tras una hora y media de trayecto y unas cuantas paradas por el camino, en las que también te puedes bajar, por cierto, llegamos por fin a Anadolu Kavagi, bajamos del barco y ¡por fin estábamos en Asia! Teníamos unas dos horas y media, casi tres, para pasear a nuestro aire hasta la hora de vuelta… así que acometimos la infernal subida hasta la fortaleza de Anadoluhisari.

No se donde había leído que se tardaba unos míseros 5 o 10 minutos en subir hasta arriba… y digo yo que eso será si vas en coche, porque andando… tu media horita no te la quita nadie, y además salvando unas pendientes de un desnivel que ríete tu del Angliru 😉

Aunque las vistas desde arriba, una vez has conseguido que tus pulmones vuelvan a funcionar, bien merecen la pena. Por desgracia, no se podía acceder al interior, bueno lo que queda de él, de la fortaleza ya que están realizando excavaciones, así que la bordeamos para conseguir ver el inicio del Mar Negro. Menos mal que hizo un sol de escándalo todo el día, y pudimos disfrutar de todo el trayecto y de las vistas, por que si no, semejante caminata para no poder ver ni la fortaleza ni el pequeño estrecho que separa Europa de Asia…

A la derecha Asia, al otro lado Europa… detrás, el misterioso Mar Negro

Unos pasos más abajo de este punto hay un restaurante con unas vistas impagables sobre el Bósforo, y aunque probablemente se puedan elegir otros restaurantes con mejor comida y un precio más económico, el emplazamiento único nos invito a quedarnos ahí mismo a comer y a disfrutar del sol en su terraza.

Comer con estas vistas no tiene precio...

Es el sitio en el que pagamos más por comer en todo el viaje, aunque al cambio no llego siquiera a los 15 € por persona, así que…

Fuimos descendiendo poco a poco por las laderas hasta llegar nuevamente al puerto, más o menos a la hora de la partida del barco, las tres de la tarde, esta vez hicimos todo el trayecto en el interior, ya que habíamos disfrutado ya de las vistas en el viaje de ida, y aprovechamos para echarnos una siestecilla dejándonos mecer por el suave vaivén… qué bien me sentó!

Una siesta reparadora, para coger fuerzas

La llegada es al mismo puerto de Eminonü, y desde allí cruzamos el puente Galata para ir hasta la calle Istikal. Cogimos el Tünel, el metro más corto y el segundo más antiguo del mundo, que es algo así como un funicular bajo tierra, y después el tranvía nostálgico hasta la Plaza Taksim. Aquí entramos como en otro mundo, de la tranquilidad de Anadolu al frenético ir y venir de la calle Istikal, con un millón de personas que iba y venían, muchas tiendas, luces, etc. Vamos, como si estuviésemos en plena Gran Vía el primer día de rebajas.

En la calle Istikal había muchísima gente

Nos acercamos primero a ver la iglesia de Ayia Triada, una bonita iglesia ortodoxa que te sorprende un poco ver después de las muchas mezquitas a las que ya habíamos entrado… es como también hay de éstas en Estambul? Igual de sorprendente, y de gratificante, es encontrarte con la Catedral de San Antonio de Padua, cuando nosotras llegamos a sus puertas, todavía estaba abierta, y entraba bastante gente, pero nos conformamos únicamente con ver su exterior.

San Antonio de Padua, una bonita sorpresa que no esperábamos

Hicimos un poco de tiempo bajando y volviendo a subir la calle, hasta la hora de la cena. El sitio elegido no podía ser mejor, el muy recomendado Gani Gani. Esta en una de las calles paralelas, metiéndote por las que hace esquina el McDonalds. Tengo pensado hacer una crónica detallada de todos los restaurantes, así que ya colgaré más fotos, mapas, indicaciones y demás en su momento.

Pensando qué pedir en el Gani Gani...

Qué decir de este restaurante. El servicio fue excelente, la comida muy buena y abundante, y el postre… OMG! espectacular, el plato de fruta además de enorme estaba buenísimo.

El postre espectacular!!

Con la tontería nos liamos allí hasta las tantas, bueno no tanto, y decidimos coger un taxi para volver al hotel… con el taxista ningún problema, puso el taxímetro en marcha, y lo más gracioso es que, como no, no tenía ni idea de donde estaba el hotel y le dijimos que tirara hacia Sultanahmet que nosotras le guiábamos… pero se metió por una entrada que no nos sonaba, y vete tu a saber cómo, que le hicimos girar una vez a la derecha, otra a la izquierda y e voilà! ahí estaba el hotel!

Nos echamos unas risas tremendas por que fue una auténtica casualidad, y el taxista se quedo como “mira éstas que control tienen de Estambul! ¡Somos unas machines! jajaja

Gastos del día:

  • Tickets del Ferry hasta Anadolu Kavagi –> 3 x 25 TL
  • Comida en el Yosun Restaurant –> 66 TL
  • Tickets del Tünel –> 3 x 2,20 TL
  • Jetones para el tranvía nostálgico –> 3 x 1,75 TL
  • Cena en el Gani Gani –> 65 TL
  • Taxi desde Istikal al hotel –> 34 TL
  • Ver la cara que se le quedaría al taxista cuando acertamos el camino al hotel –> no tiene precio 😉
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2 comentarios en “Estambul – Día 4: ¿Y si nos vamos a Asia?

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