#Lisboa – Dia 2: Subiendo y bajando cuestas

Comenzamos el día temprano, como cada mañana que amanecemos fuera de casa y estamos dispuestas a descubrir nuevos lugares, y bajamos a desayunar… el desayuno era tipo buffet y estaba muy bien, muy completito.

Cogimos el metro hasta la estación de Rossio y de ahí el autobús hasta Belem. Llegamos bastante pronto a las puertas del Mosterio dos Jerónimos y menos mal, porque ya había un poco de cola, ya que los domingos hasta las 14.00 la entrada es gratuita. En la Iglesia iban dejando entrar poco a poco, porque además estaban oficiando una misa…

La nave, amplia y luminosa es grandiosa, de estilo manuelino, el típico de la zona, acoge la tumba, entre otros del gran navegante portugués Vasco de Gama.

La nave, sobre todo destacaba por su luminosidad

Pero puede que lo que más merezca la pena de la visita, sea el magnífico claustro. Uno de los más bonitos que han podido ver nuestro ojos, muy decorado con escenas religiosas, cabos marineros, etc. Nos pasamos un buen rato recorriéndolo de cabo a rabo, disfrutando de sus muchos detalles.

Uno de los sitios más bonitos en los que hemos estado

Desde el claustro se accede también al antiguo refectorio, con su bóveda decorada con bellas molduras y recorriendo toda la sala los  azulejos del siglo XVIII que narran la parábola de la alimentación de los 5.000

El refectorio, llenos de azulejos decorados, tan típicos de aquí

Salimos antes de lo que hubiéramos querido ya que queríamos acercarnos hasta la Torre de Belem para aprovecharnos también del hecho de que la entrada era gratuita hasta las 14.00. Y para cuando salimos, ya había una buena cola para entrar al monasterio… así que hicimos bien en ir a primera hora a visitarlo.

Aunque parece que está ahí al lado, nos costó llegar hasta la Torre de Belem, sobre todo por que todo el camino se hace a pleno sol, ya  esas alturas del día ya pegaba de lo lindo. Pensábamos que íbamos a tener bastante cola para entrar, pero nada que ver, iba súper rápido y enseguida pudimos entrar…

La Torre de Belém

Claro que ya nos hubiera gustado que la cosa estuviera más controlada, y que aunque hubiéramos tardado más en entrar, al menos, una vez ya en el interior no te sintieras tan agobiada… por ejemplo para acceder a las zonas más altas, donde para subir y bajar tienes que compartir la misma estrechísima escalera de caracol…

Al menos aquí disfrutamos de un poco de soledad…

Al menos en las mazmorras estuvimos solas, y pudimos disfrutar un poco de su visita. Bueno, en realidad no se si se llegarían a utilizar como tal, pero se estaba la mar de bien allí abajo, con el fresquito y nadie más al rededor… los 16 cañones que protegían la ciudad de Lisboa siguen ahí plantados…

Salimos casi corriendo de allí, bueno no tanto como corriendo, pero estuvimos bastante poco, la verdad, porque de verdad que era un agobio tanta gente. Así que fuimos andando hasta el Padrão dos Descobrimentos, que construido en 1960, conmemora el 500 aniversario de la muerte de Enrique el Navegante.

Celebrando!

Aquí ya decidimos escapar un poco del solazo que llevaba toda la mañana dándonos en el cogote y nos fuimos hasta el centro en el tranvía. Lo cogimos al lado del Monasterio, y nos bajamos en la Plaza del Comercio. En la Rua Augusta hay un montón de restaurantes con terraza para elegir… peeeero algunos de ellos al ser domingo estaban cerrados … ¿?¿?¿?¿?

Mis lingüine estaban muy ricos, y el bakalao también

Elegimos entre las posibilidades abiertas la que más nos llamó la atención y nos sentamos a la sombra frente al elevador de Santa Justa, la Pastelería-Cafetería S. Nicolau. Ana se pidió un plato del típico bakalao, y yo unos lingüine con gambas y almejas. El postre decidimos que nos lo tomaríamos por el camino en cualquier heladería que encontrásemos por ahí.

Cogimos el autobús nº37, o mini-bus más bien, que desde la Praça da Figueira nos subió hasta el Castelo de São Jorge. Que es probablemente el mejor sitio de el que contemplar la ciudad. Por los pinos que rodean la gran explanada que además se agradecen un montón, y porque te puedes sentar plácidamente a contemplar la capital portuguesa.

Buenas vistas sobre Lisboa y el río Tajo

Deambulamos por sus murallas, visitamos cada una de sus almenas, por cierto, que en una de ellas, la Torre de Ulises, si no recuerdo mal, hay un “periscopio” para observar la ciudad de Lisboa, se hace mediante visitas guiadas, y solo entran 20 personas por turno. Cuando fuimos nosotras justo iba a empezar la de en español, y por lo que vimos las hacen también en portugués e inglés.

Una buena reconstrucción ha puesto al Castillo en el Top 1 de las visitas en Lisboa

Acabado de visitar el castillo, bajamos por las empinadas, empedradas y resbaladizas calles hasta la Catedral de Lisboa, o Sé. De aspecto románico (me encanta!) aunque ha sufrido muchas remodelaciones y restauraciones, bien por costumbres y modas de la época, bien por daños causados tras diferentes terremotos, en la nave central es donde más se pueden encontrar los vestigios de su pasado.

Bajo estas piedras hay restos musulmanes, visigodos, romanos y fenicios

Queríamos pasar a ver el claustro y el tesoro, pero Oh! Oh! Está todo en obras y nos tenemos que conformar con ver el interior de la iglesia. Así que como la visita duró menos de lo esperado, cogimos el tranvía nº12 para acercarnos hasta el Elevador de Santa Justa.

El día anterior cuando pasamos junto a él había una cola impresionante para subir, al llegar nosotras no había nadie y nos hizo hasta dudar si estaría en funcionamiento o no… con el pase de transporte que teníamos se puede subir, si después quieres acceder al mirador tienes que pagar 5€ más… desde mi punto de vista no merece la pena pagar el suplemento porque no se ve mucho más… pero bueno, es una opinión como cualquier otra.

Convento do Carmo, Elevador de Santa Justa y, al fondo, el Castelo de São Jorge

El elevador, de estilo neogotico, deja junto a las ruinas de Carmo. La iglesia del Convento do Carmo llegó a ser la más grande de la ciudad, quedó en ruinas tras el gran terremoto de 1755, y como no llegó a restaurarse nunca es uno de los principales recuerdos del desastre.

A veces unas ruinas muestras más grandiosidad que un edifico al completo…

Paseamos un poco por el barrio de Chiado, yendo hacia la parada del conocidísimo Elevador da Gloria, probablemente el funicular más famoso de Lisboa, ya que aparece en miles de fotos guías y postales. Al parecer, antiguamente tenían dos pisos, y la parte de arriba era descubierta, como los típicos autobuses para turistas que hay en casi todas las ciudades.

Una de las imágenes más típicas de la capital portuguesa

Volvimos a coger el nº37 hasta el Castelo para callejear mientras mirábamos tiendas. No llegamos a comprar nada, ya que muchas de ellas estaban ya cerradas o medio-cerrando, pero al menos nos sirvió para acercarnos hasta el mirador de Santa Ana, desde el que pudimos ver otro punto de vista sobre los tejados de Lisboa.

Acabamos el día yendo a comprar unas ensaladas para cenar en la habitación del hotel, ya que no habíamos parado ni un momento y nuestros pies nos pedían un buen descanso…

Gastos del día:

  • Comida en Pastelería-Cafetería S.Nicolau –> 28,50€
  • Entrada al Castelo de São Jorge –> 15€ (7,50€/pax)
  • Ensaladas del McDonald’s –> 12€
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Un comentario en “#Lisboa – Dia 2: Subiendo y bajando cuestas

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