#Suiza – Día 1: Comenzamos a descubrir este paraíso entre los Alpes

Este día nos tocaban sensaciones agridulces, por un lado la tristeza de abandonar Gengenbach, la Selva Negra y a nuestros magníficos anfitriones, Veronika y Peter; y por otro lado, pasando la frontera alemana nos esperaba un país al que le teníamos muchísimas ganas: Suiza!!

Lo primero que hicimos fue acercarnos al pueblo a hacer unas comprillas que habíamos dejado pendientes, unas postales, algún regalito, unas recuerdos… vamos, que casi acabamos con las existencias de la tienda a la que entramos 🙂

Gengenbach, íbamos a echar mucho de menos su buen tiempo

Gengenbach, íbamos a echar mucho de menos su buen tiempo

Y desde aquí, cogimos al sur en dirección a Basilea. Habíamos quedado con los dueños de la casa donde nos alojaríamos estos días en Suiza en que llegaríamos sobre las 17:00-18:00, así que teníamos tooooodo el tiempo del mundo para ver con calma la ciudad.

Lo primero era encontrar aparcamiento, decidimos no marearnos mucho y metimos el coche en un parking justo en el centro. Estaba prácticamente al lado de la Marktplatz, y antes de empezar visitando el curioso ayuntamiento, entramos en un banco a cambiar unos cuantos euros a francos suizos. El cambio no sé si sería el mejor o peor, fuimos cambiando algunos euros y otras veces sacando directamente de los cajeros.

Dinerito suizo… parecen del Monopoli con tanto colorido

Dinerito suizo… parecen del Monopoli con tanto colorido

Con el dinerito ya en nuestros bolsillos empezamos por visitar el antiguo ayuntamiento o Rathaus, construido a principios del siglo XVI de piedra de arenisca de un potente color rojo. Lo que por fuera ya promete ser una construcción preciosa, su interior no hace más que confirmártelo. Al menos lo que nosotros pudimos visitar.

El interior no deja indiferente a nadie

El interior no deja indiferente a nadie

Un patio rodeado de paredes decoradas con frescos y esculturas y una escalera de madera oscura, abriéndose a galerías con curiosos labrados de esa misma madera de un color granate, o casi marrón… no sé muy bien cómo explicarlo, es un edificio que sin duda alguna nos sorprendió a todos.

Todos los edificios importantes de la ciudad parecen estar construidos con esta piedra arenisca roja

Todos los edificios importantes de la ciudad parecen estar construidos con esta piedra arenisca roja

Subyugados aún por el colorido del Rathaus, y con un mapa de la ciudad ya en nuestra mano, salimos a recorrer unas pocas calles de la ciudad. Fuimos en busca de la Basler Münster, la Catedral de la ciudad. De estilo gótico y del mismo color rojizo que el Rathaus, nos pareció bonita y bastante sencilla. No había muchos turistas por allí, o al menos nosotros no nos topamos con ninguno… Cabe destacar que en su interior se encuentra enterrado Erasmo de Rotterdam entre otras celebridades de la región.

Al lado, en la Musnterplatz había instalado un mega-cine al aire libre del que sentimos mucha envidia, y que ojeamos las fechas de las proyecciones, aún a sabiendas de que seguramente no íbamos a volver a acercarnos a la ciudad para ir a ver una película. Bueno, por un momento soñamos con una agradable tarde-noche de verano, con una palomitas disfrutando de una gran película…

Unas palomitas y unos nachos y… a disfrutar!!

Unas palomitas, unos nachos y… a disfrutar!!

Bueno, pero aún nos quedaba por descubrir otra espinita que nos llevaríamos clavada de aquí. Desde la colina donde se encuentra la catedral podíamos ver el río a nuestros pies, y ahí abajo, unos bañistas pasándoselo en grande, agarrados a unas boyas y dejándose llevar por la corriente del Rhin… Estuvimos muy tentados de ir hasta el coche a coger nuestros bañadores, pero teniendo en cuenta que lo llevábamos a reventar y habría que rebuscar en las maletas, desistimos ded la idea, aunque lo dejamos anotado para la próxima…

Te imaginas cómo debe ser darte un baño en el Rhin?

Te imaginas cómo debe ser darte un baño en el Rhin?

No hicimos mucho más que deambular por las calles, incluso ver un par de tiendas y volver al coche para buscar un sitio en el que parar para comer.

Por cierto, se me olvidó comentar que en la frontera compramos la obligatoria pegatina si quieres circular por las autopistas suizas. No tiene ningún misterio, había un carril específico para adquirir las pegatinas, se pueden pagar a unos chicos que había allí mismo a pie de carretera, eso sí, si lo pagas en euros al cambio sales perdiendo, si llevas ya francos te cuesta lo mismo, o si no aparcas un momento y pagas con tarjeta en la oficina que hay.

Total que saliendo de Basilea, y como ya era bastante tarde en cuanto vimos la primera área de servicio paramos a comer y descansar un rato.

Nuestro hogar, allí escondido

Nuestro hogar, allí escondido

La tarde no dio para más que llegar hasta nuestro alojamiento en Userbanch, y a que Barbara nos recibiera con los brazos abiertos y un exquisito pan recién hecho… El sitio elegido para estos días en Suiza, no podría ser más idílico, escondido detrás de una colina se encontraba nuestro hogar para esos días. Así que fuimos a hacer unas compras, deshicimos las maletas, y preparamos nuestras rutas para esos días.

Gastos del día:

  • Vignete autopistas Suiza -> 40 CHF
  • Refrigerios en el Starbucks -> 26 CHF
  • Compras en el súper -> 53,30 CHF
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