#Suiza – Día 3: Paseando entre cañones y una gran cascada

El día amaneció triste y semi-lluvioso, pero bueno, decidimos arriesgarnos y seguir con lo que teníamos planeado para ese día. Así que como siempre, nos preparamos la nevera con el picnic y al coche.

Una vez más el gps nos llevó por un sitio diferente para acabar saliendo en la misma incorporación a la autopista, esto es algo muy curioso que nos pasó prácticamente todos los días que estuvimos allí, para mi que el gps nos quería hacer conocer todos los rincones de la Suiza profunda en la que nos alojábamos. La verdad, acabamos agradeciéndoselo…

Antes de llegar a nuestro destino, el paisaje nos ofreció un montón e buenas instantáneas

Antes de llegar a nuestro destino, el paisaje nos ofreció un montón de buenas instantáneas

Bueno, finalmente tras una hora y media de camino (otra de las cosas que hicimos durante la estancia en Suiza fueron muchos, muchísimos kilómetros… y es que preferimos tener un solo alojamiento que ir cambiándonos de casa) llegamos a Aareschlucht, muy cerca de Meiringen, o al menos esa es la entrada que nosotros escogimos, ya que al otro lado, en Innertkirchen también se puede acceder.

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Cada centímetro del recorrido es, simplemente sublime

Se trata de una impresionante garganta del río Aare, en algún punto de unos 200 metros de profundidad por no más de un metro de ancho y que gracias a un sistema de pasarelas, escaleras y túneles puede recorrerse en su totalidad, más o menos 1’5 kilómetros.

Aunque el día estaba que no se decidía, por momentos caía una fina capa de lluvia, hacía algo de frío y estaba más bien oscuro, nos pareció un sitio espectacular. Fuimos recorriendo poco a poco todo el recorrido, al principio sin hacer muchas fotos según íbamos subiendo, dejando que fuesen nuestras retinas las que se quedasen con toda la información posible de lo que estaban viendo…

En cada recodo había una buena foto para sacar

En cada recodo había una buena foto para sacar

Cuando llegamos a Innertkirchen, salimos, vimos un poco la tienda de recuerdos, y volvimos a entrar para iniciar el descenso exactamente por el mismo camino, esta vez sí, haciendo fotos a rabiar. Probablemente tardamos más en bajar que en subir, por esto mismo… en total invertiríamos una hora más o menos. Es un caminos súper ameno y que apenas cuando llegas al final que hay unas pocas escaleras, así que recomendado para todos los públicos 😉

No me digáis que no merece la pena unas pocas escaleras a cambio de estas vistas...

No me digáis que no merece la pena unas pocas escaleras a cambio de estas vistas…

Salimos y aunque ya nos lloviznaba, como estaba todo mojado como para comer al aire libre, nos aposentamos en unas mesas que hay junto a la taquilla y comimos ahí mismo. No sé si les parecería mal, bien o les daba igual, lo cierto es que nadie vino a decirnos nada, y que dejamos todo tan limpio como nos lo encontramos.

Cuando compramos la entrada para Aareschlucht, decidimos adquirir una conjunta para poder subir (y bajar) a Reichenbachfall, en su nostálgico y centenario tren de cremallera. Merece mucho la pena hacerlv así, ya que sale más barato, creo recordar, que si solo cogías billete de i/v en el susodicho tren… Who knows?

El tren cremallera subiendo y bajando durante más de un siglo

El tren cremallera subiendo y bajando durante más de un siglo

Reichenbachfall, además de ser un salto de agua espectacular, que desciende con una potencia de mil demonios es un lugar legendario para todos aquellos y aquellas fans del legendario Sherlock Holmes (como es mi caso, probablemente mi personaje de ficción favorito, desde bien pequeña adoraba la serie de dibujos animados) ya que es escenario de la muerte de éste, cuando cae junto a su archi-enemigo Moriarty, precisamente en este salto de agua.

La imagen no hace justicia al ensordecedor ruido de la caída de agua...

La imagen no hace justicia al ensordecedor ruido de la caída de agua…

Desde aquí hay tres opciones o vuelves a bajar en el tren, o subes un buen trecho en el que te dejas los pulmones y parte del alma hasta dar con un restaurante junto a la carretera en el que puedes esperar un autobús que te baje al pueblo, o como nosotros, te dejas los pulmones y el alma en la subida, y después, vas recuperándolos poco a poco descendiendo entre arboles, caminos de cabras y típicas casitas suizas.

Desde arriba las vistas son increíbles, y o mejor, ya solo queda bajar...

Desde arriba las vistas son increíbles, y lo mejor es que ya solo queda bajar…

Decir que este fue el día que más disfrutamos del viaje, creo que se queda corto. Y lo cierto es que nos arriesgamos al decidir hacer todo el descenso a pie, ya que tal como había estado el día, si nos llega a coger la lluvia una vez que empezamos a bajar, habríamos llegado caladísimos abajo, pero el tiempo, que es más sabio que nosotros, nos dejó disfrutar de esta caminata.

Fuimos las únicas personas que bajaron andando el camino… y lo disfrutamos como enanos!

Fuimos las únicas personas que bajaron andando el camino… y lo disfrutamos como enanos!

Cuando vuelves a llegar abajo, una hora y media después, y miras de nuevo hacia lo más alto dices… OMG! Realmente estuvimos allí arriba? Por cierto, hay una cuarta forma de bajar, la cual nosotros desconocíamos. Una especie de patinetes que se alquilan arriba y en los que te tiras a tumba abierta por las “asfaltadas” carreteras. Un par de veces que abandonamos los caminos de tierra nos cruzamos con grupos que iban bajando en estos inventos.

Vale, nos moríamos de ganas de montarnos en uno … XD

Vale, nos moríamos de ganas de montarnos en uno … XD

Se veía divertido y de haberlo sabido, tal vez nos lo hubiésemos planteado cuando estábamos arriba, pero… andando y con calma seguramente disfrutamos más del paisaje, así que no nos arrepentimos para nada de haberlo hecho a pata.

Volvimos al coche y comenzamos el camino de regreso hacia la casa. Como de paso teníamos que pasar por Interlaken, pensamos en parar para ver un poco el pueblo, pero entre que cuando llegamos llovía a mares y que no vimos un sitio para aparcar… pues decidimos seguir hacia delante.

El castillo de Thun, en  obras y que solo vimos por fuera

El castillo de Thun, en obras y que solo vimos por fuera

Al llegar a Thun la cosa había mejorado bastante, así que aparcamos muy cerca del castillo y fuimos a dar una pequeña vuelta por la ciudad. El casco histórico se encuentra en un islote que separa las aguas del río Aar, así que volvíamos a toparnos con el y sus aguas de color blanquecino.

El río Aar fue el protagonista este día

El río Aar fue el protagonista este día

Nos quedamos enamorados de su antigua presa y puente de madera, con sus flores de intenso color rojo, blanco y rosa. Si no hubiera estado lloviendo habríamos pasado más tiempo, deambulando por sus calles, pero decidimos resguardarnos bajo los toldos de una terraza y sentarnos a descansar un rato a orillas del río.

Empezaba a anochecer, o tal vez es que el cielo estaba tan gris que parecía más tarde de lo que era, así que volvimos a por el coche y nos retiramos deseando que al día siguiente la lluvia nos diera un respiro. Os doy una exclusiva, no fue así para nada 😦

Gastos del día:

  • Llenar el depósito de gasolina -> 80 CHF
  • Entradas Aareschulcht & Reichenbachfall -> 4 x 13 = 52 CHF
  • Parking en Thun -> 2 CHF
  • Refrescos en la terraza de Thun -> 12 CHF
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2 comentarios en “#Suiza – Día 3: Paseando entre cañones y una gran cascada

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