#Suiza – Día 5: Cascadas caudalosas, ciudad de bancos y osos

Si el día anterior se nos quedó como muy light por la lluvia, este acabamos viendo más de lo que pensábamos… será para compensar. El día volvió a amanecer triste y gris aunque teníamos esperanzas de que mejorara y la predicción del tiempo decía que sería así. Así que preparamos nuestra nevera y ¡al coche!

Teníamos pendiente una visita desde que nos alojamos en la Selva Negra, y es que nos pillaba practicamente a la misma distancia, casi unas 2 horas, pero que bien merecen la pena para acercarte hasta las Rheinfall, las cataratas del Rin. En la frontera entre Suiza y Alemania, de hecho se puede visitar desde ambos países, de unos 150 metros de ancho por 23 de alto son espectaculares.

La primera impresión cuando las ves desde lo alto es de… OMG!

La primera impresión cuando las ves desde lo alto es de… OMG!

Obviamente, si has visto las del Niagara, Iguazú o alguna otra de estas, pues igual estas te parecen poca cosa, a nosotros nos parecieron increíbles. La potencia con la que baja el agua, el rugido cuando cae tras el salto, el agua que salpica… en fin, que nos quedamos embobados viéndolas.

Podrías pasarte horas viendo discurrir el agua bajo tus pies

Podrías pasarte horas viendo discurrir el agua bajo tus pies

Además, es que por el sistema de pasarelas que han montado con el que vas descendiendo hasta casi estar a ras de agua, hay un punto en el que te da la sensación de estar metido en la propia corriente, y ver pasar el agua con su rítmico fluir, te hipnotiza.

Es increíble lo cerca que llegas a estar del río, no nos lo esperábamos

Es increíble lo cerca que llegas a estar del río, no nos lo esperábamos

Una visita 100% recomendable, que a pesar de hacerla con mucha calma y disfrutando de cada momento creo que se nos hizo hasta corta, sobre todo por que nos habría apetecido quedarnos allí a disfrutar más del paisaje, y de la increíble sensación de ver dejar el tiempo pasar… pero teníamos que recuperar el tiempo perdido del día anterior, y, sobre todo, comenzaba a llover otra vez así que… ¡retirada!

Hasta llegar a las Rhinfalls habíamos recorrido con el coche casi 2 horas, así que como nos pillaba, más o menos de camino, y realmente lejos si queríamos volver otro día, fuimos de seguido a Zurich, uno de los sitios que habíamos valorado dejar apartado para otra ocasión pero que, por suerte, finalmente decidimos visitar, ya que nos encantó la ciudad.

Buscamos un sitio para aparcar cerca de la oficina de turismo de la estación central para cogernos unos mapas y en unas dos horas, tiempo que duraba como máximo nuestro estacionamiento, recorrimos las calles de la que es la principal ciudad de Suiza.

Zurich es una de esas ciudades que combina a la perfección el encanto de lo nuevo y lo viejo

Zurich es una de esas ciudades que combina a la perfección el encanto de lo nuevo y lo viejo

Zurich tiene el encanto de sus ciudad vieja y el atractivo de las zonas más modernas, con sus bancos, sus tiendas de lujo, además de un precioso lago en el que disfrutar de las tardes de verano… y nosotros con esas pintas! 🙂 Lo cierto es que seguía lloviendo, así que nos olvidamos de disfrutar del lago (habría sido una gran opción para comer) y nos dedicamos a callejear.

Uno de los mayores atractivos de la ciudad son sus innumerables edificios religiosos de distintas épocas y estilos

Uno de los mayores atractivos de la ciudad son sus innumerables edificios religiosos de distintas épocas y estilos

Paseamos principalmente por el distrito nº1 de la ciudad, conocido como Altstadt, el barrio viejo de la ciudad. Nos acercamos, por ejemplo, a la bonita Fraumünster, literalmente abadía de mujeres, con sus vidrieras de los mismísimos Marc Chagall y Augusto Giacometti, ahí es nada…

Bella pvr dentro y por fuera

La belleza a veces está en el interior

Fueron dos horas que disfrutamos muchísimo, y que una vez que se acabaron, en la mesa de un Starbucks tomándonos algo calentito, nos supieron a muy poco. Zurich es una ciudad para descubrir con calma, para pasear por sus muchas calles y plazas y dejarse embelesar por sus edificios y rincones con encanto…

Cuando salimos de Zurich, ya hacía tiempo que era la hora de comer, así que como hacia el oeste, a donde nos dirigíamos nosotros parecía que el tiempo mejoraba, paramos en una área de servicio para vaciar nuestra nevera. Aunque no nos habíamos planteado en el día ninguna visita en concreto excepto la de las cascadas, ya que dependíamos del tiempo que haría… esos tímidos rayos de sol vespertinos nos animaron a acabar la tarde en Berna.

Berna nos cautivó, sobre todo, por su ambiente

Berna nos cautivó, sobre todo, por su ambiente

Al igual que en el caso de Zurich, buscamos aparcamiento por la zona centro, cerca de la estación central y dimos también con una zona donde podíamos usar nuestra ruleta de aparcamiento. Así que con 3 horas por delante para descubrir la capital Suiza, y por fin el sol sobre nuestras cabezas, nos pusimos a caminar.

Música y buen ambiente por todas partes

Música y buen ambiente por todas partes

Si algo nos gustó de Berna fue el ambiente que había, bien es cierto que justo esos días se celebraba una especie de festival multicultural, y había un montón de chiringuitos, algunos de ellos empezando a montarse, donde iban a servir comida típica de diferentes países, zonas de street art, grupos en improvisados escenarios en medio de la calle…

Cultura, tradiciones, vanguardismo… allá donde mirases había algo que ver

Cultura, tradiciones, vanguardismo… allá donde mirases había algo que ver

Vamos, que no podíamos haber elegido un mejor día para visitar la ciudad. Casi todo se desarrollaba dentro de lo que es la ciudad vieja de Berna, centro histórico y una ejemplo de urbanismo medieval aún en pie. En una de sus calles, en el 49 de la calle Kramgasse, está la casa en la que Einstein vivió entre 1903 y 1905.

La torre del reloj de Berna, entra en funcionamiento cuatro minutos antes de cumplir las horas

La torre del reloj de Berna, entra en funcionamiento cuatro minutos antes de cumplir las horas

Cerca de aquí no se puede faltar a la cita, cuatro minutos antes de cada hora en punto, el Zytgloggeturm, o torre del reloj, empieza a funcionar… importante estar allí a tiempo si no te lo quieres perder. Ya que si apuras mucho esperando que sean en punto para cuando llegues te lo habrás perdido.

Otro edificio que atrajo nuestra atenciÓn, entre toda la marabunta de cosas que iban sucediéndose en las calles, fue la Catedral, Berner Münster, cuya portada ricamente decorada con esculturas, dorados y conservando sus colores me pareció de las más bonitas que había visto hasta la fecha.

La catedral me impresionó sobre todo por su bella portada

La catedral me impresionó sobre todo por su bella portada

Para finalizar, o casi, la visita a la capital, teníamos que ver uno de los iconos de la ciudad. El parque de los osos, Bärenpark, que a orillas del río Aar campan a sus anchas. Nos costó un poco encontrarlo ya que fuimos sin mapa, ni guía ni nada, pero finalmente dimos con ellos, y estuvimos un rato observando sus andanzas.

El símbolo de Berna, el Oso

El símbolo de Berna, el Oso

Volvimos ya el coche, a lo tonto a lo bobo nos habíamos cruzado casi de cabo a rabo la ciudad y estábamos cansados, y pusimos rumbo hacia nuestro hogar temporal, a descansar para afrontar el último día que nos quedaba para recorrer Suiza.

Gastos del día:

  • Entradas Rheinfall -> 4 x 5 = 20 CHF
  • Llenar el depósito de gasolina -> 74 CHF
  • Parking Zurich -> 2 CHF
  • Chocolates/cafés Starbucks -> 23 CHF
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