#Grecia 2015 – Días 12 y 13: En los que nos tiramos a la bartola y las piedras nos transportan al pasado

Esta vez tocó otra vez jornada de descanso, de reponer fuerzas para el último tramo de las vacaciones, ni que nos hubiésemos estado matando, peor bueno, el día anterior había sido intensivo sobre todo en cuanto a kilómetros en la carretera, así que decidimos no hacer nada.

Bueno, algo sí, ir a descansar a la playa. Así que como siempre nos buscamos unas tumbonas cerquita de la orilla, aquí no era difícil, la playa es muy estrecha y en cuanto encontramos unas que nos gustaron nos apoderamos de ellas.

Bonitas vistas, pero hemos estado en playas mejores

Nos pedimos unos refrigerios y dejamos que la mañana fuera pasando con el vaivén de las olas. La playa es bonita aunque disfrutamos más de otros baños, es el típico sitio donde te tienes que ir hasta la conchinchina para que te cubra un poco. La verdad es que teníamos el listón muy alto después de haber pasado por las islas jónicas, así que tampoco se lo tuvimos mucho en cuenta.

Estando de vacaciones y con una jornada de relax como la que nos habíamos planteado, no seguíamos ningún horario, así que nos fuimos a comer cuando los estómagos nos lo demandaron. Bastante tarde la verdad. Elegimos el restaurante Maria’s que tenía buenas críticas y OMG!

Yo es que aún no me había cansado de comer calamares así que volví a repetir con mi plata estrella, y ¡qué gran acierto! Dejadme que os cuente un poco mi vida, aunque os importe más bien poco. Veresi, antes en mi barrio había un bar donde los domingo servían unas raciones de txopitos… de quitar el sentido. Solíamos comerlos muy a menudo, y un buen día, los dueños cerraron el local y me quedé con cara de… así? sin avisar? qué tristeza la mía que no volvería a probar los mejores txopitos del mundo mundial, y entonces… aparecieron estos calamares caídos del mismísimo cielo, que sabían exactamente igual que los famosos txopitos.

Volvería solo para comer de nuevo esta delicia

Dios! Por un lado me los habría comido todos de un bocado, y por otro, intentaba saborearlos durante el mayor tiempo posible. ¿En una escala del 1 al 10? un 38, así por poner un ejemplo. Deliciosos!! Por cierto que Ana se pidió un queso feta frito con miel, que estaba estupendo tb. Vamos, que el sitio nos encantó.

Una sorpresa deliciosa

Con la digestión todavía deleitándose en mí, XD, nos fuimos a la piscina del hotel a pasar la tarde… ya os he dicho que la playa tampoco nos entusiasmó, y allí estuvimos hasta la hora de cenar, previa ducha, en el To Steki. Esta vez los platos fueron algo más caseros, Ana se atrevió en esta ocasión con el pulpo, y otra vez nos sorprendió para bien.

Es que todo está riquísimo!!

En Grecia hay un millón de sitios arqueológicos que poder visitar, y entre s los muchos que nuestra ruta de ese día se aproximaba, nos decantamos por el recinto arqueológico de Nemea. ¿Porqué? pues por una razón tan random como que fue escenario de una de las 12 pruebas de Hercules (querrás decir Muuuuscules XD), para ser más exactos donde mató al famoso León de Nemea, y a mi con eso ya me bastaba.

Archaia Nemea a nuestra entera disposición

Y una vez más, pues como que fue un gran acierto. Pagamos la entrada de Ana (sí, otra vez gratis para mi) y para empezar visitamos el templo de Zeus, del que apenas quedan unas pocas columnas en pie, pero que pudimos ver completamente solas, teníamos todo el recinto arqueológico para nosotras solitas… eeehhh aquí si que ya no podía pedir más, bueno sí, que además de rodearlo te dejen “entrar” en el propio templo.

Pocas veces se puede apreciar un antiguo templo griego desde tan cerca

También pudimos ver, o intuir, las ruinas de lo que fuera el antiguo templo de la ciudad, y pasear al rededor de las mil piedras que hoy en día descansan en el suelo. Cada dos años siguen celebrándose aquí los Juegos Nemeos, donde la gente disputa las diferentes pruebas vestidos con en la época clásica. Tiene que ser todo un espectáculo.

El estadio está bastante mejor conservado, o puede que sea que lo han “retocado” mejor, desde el túnel de entrada a la arena, hasta la línea de meta… que, otra vez, sí, no tuve más remedio que atravesar proclamando mi victoria (si es que si encima nos dejan solas, pues mi nivel de me voy a poner a hacer el tonto pues se sube por las nubes)

YASSS!!! Otra victoria para mi contador

De aquí nos fuimos hasta uno de los templos más famosos de Grecia, tal vez justo por detrás de los de la Acrópolis, el Templo de Poseidon en el Cabo Sounion. La idea era ver el atardecer desde allí, pero, primero nos costó dios y ayuda encontrar un sitio para comer, lo acabamos haciendo sobre las 17:00 en a cafetería del propio templo, una merienda más bien, y aunque la idea era aprovechar una de las playas de allí para hacer tiempo hasta que fuera cayendo la tarde, todas las que vimos o encontramos parecían privadas, así que finalmente desistimos y entramos a ver el templo.

Es una zona preciosa, una pena que no encontráramos un sitio en el que “aposentarnos”

Bueno, entrar entrar no es que se entre… ya me entendéis. En verdad será precioso pero mira, es una de esas cosas que nos apuntamos para tener que volver. Acabamos llegando a Atenas sobre las 19:00 con el tiempo justo para disfrutar un ratito de la piscina del hotel y de sus preciosas vistas a la Acropolis y cenando en la terraza del mismo.

El Templo de Poseidón sigue mirando al mar, la morada de su Dios

Resultó que no estaba nada mal, así que fue una opción que repetimos otro día. Por cierto, que nos pusimos en contacto con el del alquiler de coches, porque en teoría habíamos quedado con él en que le entregábamos al día siguiente el coche, para quedar a una hora con él, y nos dijo que sin problema lo dejáramos en el parking del hotel, con las llaves en recepción y que se pasaría cuando pudiera.

Siempre merece la pena cenar con estas vistas

Nos uno genial porqué así no teníamos que andar pendientes el resto del día de tener que acercarnos al hotel. Fue todo genial, ni un pero al alquiler con esta compañía.

Gastos de estos Días:

  • Refrigerios en playa Tolo – 6€
  • Comida en Maria’s – 29’60€
  • Cena en To Steki – 24’90€
  • Entradas Archaia Nemea – 7€
  • Comida en Templo Poseidon – 13’40€
  • Gasolina – 15€
  • Cenas hotel Novus – 47€
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#Grecia 2015 – Día 11: En el que descubrimos templos en las cimas de las montañas

Os voy a hacer un resumen súper conciso de este día: llamémosle el día en el que subimos y bajamos por carreteras infernales, tocamos el mismísimo cielo en un templo de Apolo, vimos la iglesia más extraña del planeta y nos transportamos más allá de la mismísima Grecia clásica… ¿os parece imposible de hacer en un sólo día? Bueno, Grecia tiene estas cosas, y muchas más, y lo mejor de todo, es que excepto Mycena, que puede ser un sitio más o menos conocido el resto resultó ser una increíble sorpresa y uno de los días más bonitos e imborrables de viaje.

Pero empecemos por el principio, y vayamos poco a poco, que este día merece degustarlo poco a poco. Nos esperaba un largo camino por delante, así que fuimos a desayunar prontito y nos pusimos en marcha. La idea inicial era llegar a Solo, nuestra siguiente estancia parando en el yacimiento arqueológico de Mycenas, pero el día anterior mientras estuvimos en Olympia vi unos mapas que mostraban los diferentes templos repartidos por le península del Peloponeso, y había uno que, bueno, modificando nuestra ruta nos podía pillar de camino.

El templo de Apolo Epicuro, os dejo un enlace por si os pica la curiosidad [WEB], es un templo dedicado al dios del sol y la medicina y destaca por su ubicación, en medio de las montañas. Ni que decir tiene que para llegar a él tuvimos que recorrer carreteras enrevesadas sin apenas tráfico y que sumo un par de horas al recorrido original, pero mereció la pena cada segundo que pasamos.

Sólo por las vistas, ya me rece la pena acercarse a estas montañas

Primero por el camino en sí, las vistas según íbamos subiendo las montañas de Arcadia son espectaculares, y cuando estás ya casi en la localización del propio templo, ves una enorme carpa que cubre y protege el tempo de Apolo Epicuro de las inclemencias que estaban acabando con su belleza.

Debajo de esa lona, está el precioso Templo de Apolo Epicuro

Es una sensación extraña visitar un templo que se encuentra totalmente cubierto, extraña y sobrecogedora a la vez. Se trata de un templo muy sobrio, de estilo dórico pero que se conserva muy bien, prácticamente con todo su dintel, creo que leímos que uno de los más antiguos descubiertos.

Un templo que sigue conservando toda la magia

Para mí, fue uno de los sitios más bonitos y especiales que hemos visitado. De verdad que el misticismo que desprendía… nos dejó impresionadas.  Por cierto, que en todos estos sitios pagamos una única entrada, ya que yo con mi carnet de estudiante (eeeem sí, sigo utilizando aún el de la Universidad) entraba gratis.

A pesar de que nos hubiésemos quedamos más tiempo allí, deleitándonos con su belleza dórica, volvimos a coger el coche para ir a nuestro siguiente destino. Lo que suponía retomar el tortuoso camino de subidas y bajadas, de curvas para un lado y para el otro.

Aún sigo sin poder explicar exactamente qué es lo que vimos

De camino hacia Mycenas, vi que había un ¿templo? súper curioso hecho con miles de estilos y materiales distintos. Y pensé, ¿porqué no nos acercamos a ver si de verdad es tan loco como parece? Se trata de la iglesia de Agia Fotini Mantineias, que aún hoy en día no sé exactamente porqué surgió, y aunque parece muy antigua, es relativamente moderna, como de los años 70.

A veces nos preguntábamos como se mantenía todavía en pie

Es difícil expresar si nos gustó o nos horrorizó, y casi imposible describirla, así que sólo puedo decir que es un sitio muy interesante de ver si se está por la zona, y dejar que tus propios pensamientos y opiniones se posicionen.

Pero bueno, aún era pronto y nos quedaban más sitios por visitar. Así que volvemos al coche y nos vamos hasta el recinto arqueológico de Mycenas. Antes de nada, si tenéis pensado ir allí alguna vez os recomendamos encarecidamente que llevéis calzado adecuado, con suela antideslizante, porque algunas de sus calles tienen una inclinación considerable y son de piedra muy pulidas por el paso de los año y los miles de turistas, y había quien se dio un buen resbalón mientras nosotras estábamos allí… y no os digo nada cuando comenzó a chispear un poco.

Ante la puerta de los leones, miles de años después de su construcción

Pero vayamos a lo importante. Históricamente es uno de los yacimientos más importantes de Grecia, dando nombre incluso a un periodo de la antigüedad. Se pueden visitar y admirar, además de la susodicha y afamada puerta, las tumbas reales y el Tesoro de Atreo. Puede que no sea el mejor sitio si estás buscando grandes construcciones y delicados relieves, bueno, de hecho está claro que no lo es, ya que hay pocas cosas que se mantengan en pie y son te un estilo mucho más tosco que los de la Grecia clásica, pero es sin duda un sitio imprescindible si te interesa un poquito la historia.

Las nubes empezaban a cernirse sobre nuestras cabezas…

Como os he dicho empezó a chispear, pero como nosotras ya habíamos visto todo lo que merecía la pena, volvimos al coche y pusimos rumbo a la última visita del día… estaba siendo muy completito. Paramos justo antes de llegar, en un sitio de la carretera cuyo nombre y situación ni recuerdo ni es relevante, y nos tomamos una cocacolas con algunas cosillas que llevábamos compradas para aplacar el hambre.

Y por fin llegamos a Epidauro, otro de los puntos fuertes del viaje por su espectacular teatro, en el que aún siguen representando obras de teatro hoy en día. Pero hay más cosas para ver, al fin y al cabo fue una ciudad en sí misma, en la que aún perduran, a duras penas y a base de imaginación, el estadio, un Tholos y el Templo de Asklepio.

En el museo, podemos ver algunas de las cosillas que se intuyen hicieron magnífica a esta ciudad

Además en el Museo Arqueológico podemos ver algunas de las estatuas y otros restos encontrados en la zona, que se guardan allí para su mejor conservación. Fue una visita que nos gustó también mucho, y ¿qué no en este maravilloso país?, y es que el teatro es una auténtica maravilla, algunos incluso se animaban a recitar o cantar unos versos/estrofas desde su centro, y comprobar a maravillosa acústica del lugar. Desde el público nos deshicimos en aplausos para todos los valientes XD. Estuvimos sentadas un buen rato, al fin y al cabo ya no pensábamos hacer nada más ese día, así que no teníamos ninguna prisa.

Disfrutando de un espectáculo más que improvisado

Cuando ya creíamos que lo habíamos visto y oído todo, jeje, retomamos nuestro camino, para, ahora sí, llegar hasta nuestro siguiente alojamiento, en Tolo. Llegamos gustito a tiempo para darnos un chapuzón en la piscina justo antes de que anocheciera, y tras una ducha reparadora, buscamos un sitio para cenar.

Cenando en la playa

El elegido fue la taberna Arcadia, con terraza en la propia arena de la playa, disfrutando de las vistas de la bahía, el batir de las olas sobre la orilla y una pizza, por cambiar un poco, que nos supo a gloria.

Gastos del Día:

  • Gasolina -> 50€
  • Entradas Templo de Apolo Epicuro -> 3€
  • Entradas Mycenas -> 8€
  • Cocacolas -> 4€
  • Entradas Epidauro -> 6€
  • Cena en Taverna Arcadia -> 26€

#Grecia 2015 – Día 10: En el que paseamos Olímpicamente

Bueno, con este título ya os imagináis hacia dónde nos aventurábamos, no? Pero antes, había que coger un nuevo Ferry que nos llevara de vuelta al Peloponeso. Así que eso es lo que hicimos, y otra vez sin percances. disfrutando de las vistas y la brisa dede la cubierta llegamos a Killini. De aquí a Olympia hay apenas una horita así que llegamos relativamente pronto, cuando aún no habían llegado las hordas de turistas, o puede que ya no fuese temporada de tantas visitas, porque nosotras pudimos visitar el lugar arqueológico bastante tranquilas.

Nadie por aquí, nadie por allá… así merece la pena perderse en Olympia

A ver, no sé muy bien como expresar mi opinión de la visita, sí, Olympia encierra una magia de lugar místico que no ha perdido en su miles de años de existencia, pero en el que hace falta mucha imaginación para hacerte una idea de lo grandiosa que fue, o de lo imponentes que debieron ser sus calles.

Pero bueno, ¿merece la pena pagar la entrada y dedicarle unas horas de nuestra vida a visitarla? Para mí sí, pero porque yo soy una apasionada de la historia en general y de la del arte en particular, y poder estar in situ en todos esos sitios que estudié hace ya muchos años y que po aquel entonces solo conseguía imaginar, me merecen toda la pena del mundo. Objetivamente, no sé si se lo recomendaría a todo el mundo. Cada vez soy más de la opinión de que no se trata de ir a un sitio por decir: yo estuve allí, sin importar que ese lugar me vaya a llenar, o emocionar, o incluso decepcionar porque mis expectativas estaban demasiado altas; pero que al menos dejen una huella en mí, que no se trate de poner un pin de “estuve aquí”; ¿no os parece?

En su mayoría, Olympia son apenas piedras sobre el suelo de tierra

Así que bueno, entre el calor, mucho calor que en las islas habíamos dejado un poco de lado, y aprovechando cada sombra fuimos recorriendo cada una de sus polvorientas calles, fijándonos en cada columna que aún quedaba en pie, deleitándonos en los capiteles que aún conservaban sus relieves…

Algunas de sus columnas aún resisten impertérritas el paso de los años

Y bueno, llegadas al estadio… pues haciendo el chorra un poco también. Por que al final somos lo que somos, y nos encanta el postureo malo y hacer el gamba allá donde vamos de vez en cuando. Así que homenajeé a la cuna de los Juegos Olímpicos con una pequeña carrera en la que resulte vencedora…

1st PLACE!!!

Después nos refugiamos en el aire acondicionado del Museo Arqueológico de Olympia, donde se guardan algunas de las obras, o amenos algunos retazos, que consiguieron salvar del desastre. La más celebre es el Hermes de Praxiteles, la única escultura que se atribuye a este prolífico artista que aún perdura en nuestros días.

Además se conservan, en parte o a cachos, las Metopas y los frontones del Templo Olympico, en unas condiciones bastante aceptables; y la que se considera la primera estatua monumental de Niké, así que creo que merece la pena pagar los 3€ más por la entrada combinada, y acercarse hasta el museo.

Athenea Niké, ¿la primera de muchas?

Y con los ojos saciados de cultura e historia, y los estómagos retumbando de hambre, nos fuimos a comer, que con la tontería se nos había hecho bastante tarde, así que sin pensárnoslo mucho, entramos en un restaurante que estaba de camino a donde habíamos aparcado el coche, que por cierto, lo habíamos dejado en el propio pueblo de Olympia.

La comida no fue gran cosa, probablemente de lo más normalizo de todo nuestro viaje, peor bueno, es que no eran ya horas de andar eligiendo. Yo me pedí una pasta de lo más corriente y Ana Suvlaki, o Esluvaki como estuvo diciendo durante todo el viaje, y o que la quería matar :-/

De aquí al hotel, en el que nos pasamos la tarde en la piscina y disfrutando de las vistas increíbles que tenía. Estábamos tan a gustísimo, que decidimos cenar allí mismo… y la verdad es que fue un acierto.

Bonitas vistas desde la terraza del desayuno

Y como no podíamos más con nuestra vida, a pesar de que parecía que no habíamos hecho mucho, el calor siempre nos deja más vallados, nos retiramos pronto a la habitación que nos esperaba una interesante jornada de kilómetros y lugares increíbles y poco corrientes.

Gastos del Día:

  • Entradas Olympia -> 9€
  • Comida en Restaurante Pérgola, Olympia -> 19’80€
  • Compras super Olympia -> 10’85€
  • Cena en Bacchus Pension, Olympia -> 27,95€

 

#Grecia 2015 – Días 6, 7, 8 y 9: En los que descubrimos la buena vida en Kefalonia

Estos días tocaba abandonar Lefkada, con toda la pena de nuestro corazón y tomar nuestro primer Ferry que nos llevaría a la isla de Kefalonia. Llegamos pronto al puerto, apenas teníamos una hora de camino desde el hotel a donde cogeríamos el Ferry, compramos nuestros billetes (por persona y por coche) y como aún teníamos tiempo de sobra y ahí mismo había una playita con unas tumbonas y un txiringuito, dijimos… why not? Nos apalancamos en dos de ellas, pedimos unos refrigerios, y a esperar dándonos unos bañitos.

Nos estábamos haciendo adictas a esto de las tumbonas, la playita, el refresquito… XD

Según nos alejábamos de las costas de Lefkada íbamos sintiendo que la íbamos a echar mucho de menos, disfrutamos muchísimo de la isla, y nos fuimos con la clara sensación de querer volver. Una isla con playas preciosas, el turquesa de sus aguas, el verde de sus montes, y sobre todo, con pocos turistas. Recomendable 100%

Bye Bye Lefkada… Volveremos algún día!

Por cierto, nuestra primera experiencia metiendo el coche en un Ferry sin problemas, los trabajadores te van indicando hasta el más pequeño milímetro como irlo metiendo, así que…

Este día queríamos visitar el bonito pueblo de Assos, es muy pintoresco y con todo el encanto de los pueblos marítimos, además que como se accede a él bajando una infernal carretera llena de mil curvas, tampoco suele estar masificado. Jaja

Y allí que nos fuimos, como os he dicho no está masificado, así que aparcamos fácil cerca del pequeño puerto y la minúscula playa y nos fuimos a dar un pequeño paseo. Después, una vez nos entró el hambre, cogimos una mesita con vistas al mar y nos pedimos algo de comer, que ya iba siendo hora. Otra vez calamares para mí, lo siento es que soy fan absoluta de los calamares, y Ana decidió apuntarse también así que otro plato para ella, además pedimos una ensada para compartir… mmmm sí, de nuevo era básicamente tomate y pepino… ¿es que aún no he aprendido? En fin, que se la acabó comiendo Ana.

Los calamares fueron la base de mi sustento en Grecia… Y qué le voy a hacer si me flipan?

“Bueno, no pasa nada, mira el agua que pinta tiene! Vamos a darnos unos bajitos antes de volver a coger el coche para ir al hotel” Y eso hicimos. Se estaba de vicio, y pasamos la tarde tan ricamente. Antes de que se nos hiciera muy tarde recogimos el campamento y pusimos rumbo a Poros, donde teníamos el hotel.

Si podéis acercaos a Assos, es un pueblo encantador

Aquí nos pasó algo muy “gracioso” según íbamos yendo hacia Assos vimos que unos cuantos coches se metían por una carretera de montaña en plan que hasta las cabras le miraban como “a donde vais locos?” y nosotras flipando… pues bien, llegó la hora de ir hacia Poros, y hay una bonita y decente carretera que va bordeando la isla, peeeeeero peeeeeeeero por desprendimientos estaba cerrada, y ¿a que no sabéis por donde nos mandaba el desvío? Sí, por la infausta carretera del demonio, que a veces tenía que bajar de marcha incluso ¡a primera! porque el coche no era capaz de subir. Toma karma instantáneo

Después de 2800 curvas o más, sinceramente perdí la cuenta, llegamos a nuestro hotel en Poros, el Oceanis, puede que el más normalizo de los alojamientos en los que estuvimos en Grecia, pero que para lo que necesitamos nosotras, más que de sobra: piscina, cerca de la playa y al lado de un par de restaurantes que no dejamos de visitar de lo rico que hacían todo (o al menos lo que probamos)

La primera noche nos decantamos por el Sunset, con una terraza desde la que poder contemplar el mar mientras nos relajábamos tomándonos unas cervezas, que bien merecida me la tenía después del caminito para llegar hasta allí.

Mythos YASSSS!

Yo me pedí una carne de costillas de cerdo a la plancha espectacular, y Ana una especie de pastel de carne que también le gustó mucho. Así que con los estómagos llenos y la firme intención de repetir otro día en el mismo sitio nos retiramos al hotel.

Al día siguiente yo no quería ni oír hablar del coche, nunca me había pasado, pero es que el día anterior había sido tan agotador el caminito de Assos a Poros, que lo único que hicimos fue acercarnos al puerto de Poros (que lo teníamos súper cerca) a comprar los tickets del Ferry para cuando nos fuésemos de Kefalonia y buscar una playa cercana en la que tirarnos a la bartola durante todo el día.

 

 

Y vaya si lo hicimos. Aparcamos en la playa de Skala, que probablemente se la más larga de la isla, con un montón de estos txiringuitos y zonas donde pagas por tomarte algo o por las hamacas. Nos aposentamos en unas, y no las soltamos hasta la tarde. Con deciros que me dio tiempo a leerme un libro de principio a fin… entre txapuzones, hacer un poco de snorkel, etc.

De aquí solo me mueven si es para ir al agua ;-P

Bueno, en realidad también nos movimos para ir a comer en el txiringuito que estaba directamente en frente de donde teníamos las tumbonas para coger algo de comer, el Akrogiali, y volver a tumbarnos otro buen rato a disfrutar de la buena vida.

Cuando ya estábamos cansadas de estar tumbadas, si es que puede ocurrir eso de alguna manera, cogimos el coche de vuelta al hotel, no sin antes echar algo de gasolina para que nos pudiéramos mover por la isla, no demasiada ya que aquí era relativamente más cara que en la península.

Llegamos al hotel y nos dimos nuestro txombito en la piscina de rigor, nos duchamos y salimos a cenar. Esta vez nos decantamos por la Taverna Agrapidos, que descubrimos que era la número uno en Tripadvisor en Poros, y vaya si se tiene bien ganado el lugar.

Con vistas también a la bahía, todo con ingredientes naturales, en un ambiente familiar, y cocinado exquisito. Ains! lo que hecho de menos la comida en Grecia… es que estaba todo taaaaan rico! Yo me decanté por una brocheta de pollo deliciosa, y Ana pescado rebozado, creo recordar que bacalao con puré de patatas. Para comenzar nos sirvieron pan tostado con tomate y aderezado con hierbas y aceite, que estaban tan rico que habría comido eso solo toda la noche, es que todo estaba perfecto.

Echo tantísimo de menos la comida de allí… cuando volvemos?

Un par de cervezas después, y nuevamente con el estomago feliz y saciado, por un precio de chiste, es que fueron como 20€ por una cena riquísima, nos fuimos a dormir.

Al siguiente día decidimos visitar alguno de los sitios más conocidos de la isla. Empezamos por la playa de Myrthos, probablemente la más famosa de la isla y una de las más bonitas en las que hemos estado. Pero es, sobre todo, bonita desde las alturas, antes de descender por la enrevesado camino que te lleva hasta la arena. Nosotras fuimos prontito y aparcamos en el parking que hay allí, no es muy grande, pero eso sí gratuito, así que ¡genial!

Desde las alturas, es una playa preciosa

Si vas muy tarde toda la carretera de bajada se va petando de coches y no te queda más remedio que bajar hasta la playa andando, y lo que es peor, subir después hasta el coche cuando ya te quieras ir.

Volvimos a alquilar unas tumbonas y a disfrutar de los txapuzones, el sol, la sombrilla de nuestra sombrilla y la lectura. Comimos en la misma playa, unos sandwiches y unas patatas fritas y de repente empezó a nublarse el cielo, en plan… en serio? aquí también saben lo que son las nubes? Es que creo que no habíamos visto ni una hasta ese día. Así que cuando empezamos a ver el panorama un poco regular, recogimos, antes de que saliera toda la marabunta y nos fuimos.

Piedras blancas, aguas turquesas, y verdes montes… esta playa lo tiene todo

Como todavía era pronto para ir al hotel, buscamos algo que ver en la isla, y entre las cosas que recomendaban era el Monasterio de Agios Gerasimos. En resumen, lo tuvimos que ver por fuera porque estaba cerrado, creemos que porque era festivo, así que la visita no es que nos compensara mucho.

Bueno, como estaba claro que este no era nuestro día, aunque la mañana la disfrutamos bastante, nos fuimos a la piscina del hotel a darnos un baño antes de salir a cenar.

En el Agios Gerasimos, en fin… al menos nos lo tomamos con humor

Podíamos buscar otros restaurantes que nos sorprendieran, pero… ¿para qué? si al ladino mismo del hotel teníamos 2 que estaban tan bien. Así que repetimos en el Sunset.

Para que me voy a repetir, otra vez un gran acierto. Todo estaba súper rico. El resumen del día siguiente es muy fácil. Como era nuestro último día en Kefalonia y las islas, decidimos repetir día de relax y playa. Otro libro pa’la saca entre taxpuzón y txapuzón en la playa de Skala.

Disfrutando de la piscina del hotel… a veces, para nosotras solas

La cena, otra vez en el Agrapidos. Por eso de que sólo habíamos estado una vez, y eso no se podía consentir XD. el resumen de Kefalonia es que nos sirvió para recargar pilas de cara al nuevo tramos del viaje en el que nos tocaba turistas más a fondo.

Es que me comí un pulpo a la brasa…. de quitar el sentido!

Gastos de estos Días

  • Refrigerios y hamacas en playa Vassiliki -> 7€
  • Comida en Sea Side, Assos -> 30€
  • Cena en Sunset, Poros -> 21’50€
  • Billetes Ferry Poros -> Kyllini – 57,70€
  • Tumbonas playa Skala -> 6€
  • Comida en Akrogiali -> 7€
  • Gasolina en Skala -> 20€
  • Cena en Agrapidos -> 21€
  • Tumbonas playa Myrtos -> 7€
  • Comida en Myrtos -> 10€
  • Cena en Sunset -> 22’60€
  • Hamacas en Skala -> 5€
  • Comida super Skala -> 8€
  • Cena en Agrapidos -> 29’90€

#Grecia 2015 – Días 3, 4 y 5: En los que nos perdemos entre las playas de Lefkada

Comenzábamos nuestra ruta por las islas. Nosotras nos decantamos por las Islas Jónicas, porque nos pillaban más a mano en nuestro recorrido y, sobre todo, porque están mucho menos masificadas que las Cícladas (y además éstas tienen mejor conexión para poder hacer una escapa puntual en algún otro momento).

Salimos después de desayunar y recoger todo hacia nuestra primera parada, Lefkada. Tras 3 horas y media de ruta en carretera, llegábamos a nuestro hotel en Nikiana, el Aliki Hotel. Esta isla está unida a la península por un largo puente, así que no es necesario coger un ferry para llegar a ella.

Lefkada y sus playas entre acantilados

Lefkada y sus playas entre montañas

Cuando llegamos al hotel nos llevamos un pequeño chasco… vaya, nosotras creíamos que habíamos reservado la habitación con vistas al mar y nos dan una que da al jardín. Se lo hacemos saber en recepción y nos aseguran que en nuestra reserva pone la habitación que nos han dado, pero como al día siguiente les quedará una habitación libre con vistas increíbles sobre el más Jónico nos cambian sin problemas. Ou yeah!

Las vistas desde nuestra habitación no podían ser mejores

Las vistas desde nuestra habitación no podían ser mejores

Ese primer día no nos dio tiempo a mucho más que disfrutar un rato de la piscina por la tarde y acercarnos hasta Nidri cuando casi estaba anocheciendo para dar una pequeña vuelta por el pueblo, comprar los tickets para el “crucero” que íbamos a hacer 2 días después por algunas de las playas de la isla y, ya de paso, comprar el ticket del ferry que nos llevaría a Kefalonia.

Nos acercamos al puerto de Nidri a comprar los tickets de los barcos

Nos acercamos al puerto de Nidri a comprar los tickets de los barcos

Cenamos en uno de los muchos restaurantes que dan al puerto, el Catamaran, lo elegimos un poco al azar y no nos defraudó. Primero probamos el pan de ajo (que lo servían como una especie de pizza), muy muy rico, y después yo elegí el gyros (muy típico de Grecia aunque aquí me lo sirvieron “deconstruido”) y Ana se decantó por carne estofada con patatas (no recuerdo muy bien qué tipo de carne era… ¿cordero?)

Descubriendo el gyros griego, aunque con un toque moderno

Descubriendo el gyros griego, aunque con un toque moderno

Con nuestros estómagos más que llenos, volvimos al hotel a descansar… Y así dábamos comienzo a nuestros días de sol, arena, mar y montaña.

Al día siguiente fuimos a la playa de Kathisma, habíamos pensado en movernos por alguna playa más ese mismo día, peeeeeeero qué queréis que os diga, allí descubrimos que se estaba de vicio. Cogimos unas hamaca en primera línea de playa (llegamos muy pronto, la verdad, pero es que el agua y el ambiente estaban ya para bañarse desde antes de las 10 de la mañana) y con sólo tomarte una consumición allí, puedes hacer uso de ellas todo el tiempo que quieras.

Nosotras nos tomamos un refrigerio según llegamos y cuando pensábamos en qué, hacer, si irnos a otra playa a comer o qué, pensamos: con lo a gustito que estamos aquí, ¿para qué? Así que pedimos algo para comer, un club sandwich con patatas fritas y una ensalada, ambos para compartir y nos quedamos la mar de agosto unas horas más.

Sol, arena, mar... y comida en primera línea de playa. Quién va a querer irse

Sol, arena, mar… y comida en primera línea de playa. Quién va a querer irse

Este día nos lo tomamos como de auténtico relax. Dándonos unos txombitos en esas aguas cristalinas de color turquesa, tumbándonos en las hamacas a leer y disfrutando del sol y el mar como si no hubiera un mañana… al fin y al cabo, estábamos de vacaciones, no?

A ver quién nos mueve de aquí...

A ver quién nos mueve de aquí…

Cuando abandonamos nuestras hamacas, ya las sentíamos como nuestras, aún nos dio tiempo a darnos otro chapuzón en la piscina del hotel. Cenamos en la terracita de nuestra habitación y nos fuimos a dormir, para coger fuerzas, que al día siguiente nos esperaba nuestra expedición en el Odysseia [WEB].

Y así comenzó nuestro día, después de desayunar nos acercamos hasta Nidri y dejamos el coche en unos de los parkings que hay cerca del puerto, y fuimos en busca de nuestro barco. Cuando ya estábamos todos a bordo, nos llevaron hacia nuestra primera parada, la cueva Papanikolis, donde nos dejaron bajarnos y nadar un rato en mar abierto (consejo: nosotras nos compramos unos escarpines tanto para las playas que muchas son de piedras/piedritas, como para esta excursión, subir y para directamente del barco se hace mucho más sencillo que si vas descalzo o con chanclas)

Me encanta navegar y dejarnos llevar por los vaivenes

Me encanta navegar y dejarnos llevar por los vaivenes del mar

Es una sensación increíble estar nadando en el interior y ver el fondo del mar en esas aguas tan cristalinas. Te dejan gafas de buceo y tubo para hacer snorkel, pero yo llevaba los míos desde casa, e incluso Ana acabó descubriendo que le encantaba meter la cabeza para descubrir los muchos peces que rondaban por allí.

Nadando, tirándonos desde la borda, y disfrutando en general del viaje en barco

Nadando, tirándonos desde la borda, y disfrutando en general del viaje en barco

Tras estar un buen rato allí, pusimos rumbo hacia Spartohori, un pequeño y pintoresco pueblo de la Meganissi Island, al que se accede subiendo sus escarpadas colinas (como en todas las islas jónicas) y en la que pudimos disfrutar de sus vistas, de una visita a una prensa donde producen el aceite de oliva los lugareños y a su pequeña iglesia.

Las vistas desde lo alto de la isla bien merecen la subidita

Las vistas desde lo alto de la isla bien merecen la subidita

Aquí te dan la opción de quedarte junto al barco si no quieres visitar estas cosas. Nosotras nos apuntamos a la visita y nos pareció la mar de interesante.

Tras subir y bajar sus cuestas y escaleras, volvimos a montarnos en el barco y entre bailes e incluso un abordaje (el espectáculo no para durante todo el viaje) nos llevaron a una playa para disfrutar de otro baño y nos prepararon una barbacoa para comer.

OPA!

OPA!

Carne a la brasa, el típico tzatziki, ensalada griega, queso feta… y puedes repetir hasta que te hartes de comer. Personalmente la ensalada griega y el tzatziki no son para mí, yo y mi odio al pepino no se llevan demasiado bien con la gastronomía griega, aunque la carne estaba muy rica, y de verdad que no te quedas con nada de hambre.

podríamos aficionarnos a esto, aunque desde luego podría pasar de tanto pepino

Podríamos aficionarnos a esto, aunque, desde luego, podría pasar de tanto pepino

Comimos super a gusto bajo una sombrilla y nos dio un par de chapuzones, es que el día, como cada uno de los que pasamos allí, invitaba a relajarse y dejarse llevar.

La última parada del día fue otra playita con encanto a la que sólo se puede acceder en barco. Volvimos a darnos unos chapuzones, hicimos snorkel, nos tumbamos un rato en la playa… en fin, lo típico a lo que ya nos estábamos acostumbrando.

Nuestro barco, el Odysseia

Nuestro barco, el Odysseia

Después de rodear la isla de Skorpios, que fue propiedad de los Onassis y ahora pertenece a alguna niña rica hija de un magnate ruso, lo siento pero no recuerdo a quien, aunque entiendo porqué alguien querría comprarse un paraíso así, pusimos rumbo de vuelta hacia Nidri.

Al llegar a puerto, nos despedimos de la tripulación, con muy buen sabor de boca, a nosotras nos encantó la experiencia, y tras hacer un par de compras y recoger el coche nos fuimos hasta el hotel, ya que, otra vez, teníamos que hacer las maletas para irnos hacia una nueva parada, esta vez, Kefalonia.

Estas vistas deben ser algo así como el paraíso

Estas vistas deben ser algo así como el paraíso

Nos habríamos quedado en Lefkada muchísimo tiempo más, de hecho aún no nos habíamos ido y ya la estábamos echando de menos. Cenamos de nuevo algo de picoteo en la terraza de la habitación y disfrutamos de sus vistas por última vez.

Gastos de estos Días

  • Compras CARREFOUR -> 6’63€
  • Parking Nidri -> 3€
  • Cena en Rte. CATAMARAN Nidri -> 22’90€
  • Tickets barco ODYSSEIA -> 80€
  • Tickets Ferry Vassiliki – Fiscardo -> 51€
  • Refrigerios Kathisma -> 5’50€
  • Comida Kathisma -> 18’50€
  • Compras LIDL -> 17’37€
  • Parking Nidri -> 4€
  • Bebidas en el ODYSSEIA -> 5’50€

#Grecia 2015 – Día 2: En el que subimos y bajamos al mismísimo cielo

Nos levantamos relativamente pronto y fuimos a desayunar con la intención de alimentarnos bien ya que íbamos a necesitar bien de fuerzas para afrontar lo que se nos “venía encima”. Este día lo íbamos a dedicar, básicamente a visitar los monasterios de Meteora, con sus innumerables escaleras.

Estuvimos investigando un poco antes para decidir cuales eran los que íbamos a visitar, ya que entrar en todos podía suponer una semi-muerte temporal de nuestras piernas, así que con los “deberes” más o menos hechos de hacia dónde dirigirnos, cogimos el coche y nos acercamos hasta el primero de los monasterios.

Con la ruta decidia nos pusimos "pies a las escaleras"

Con la ruta decidida nos preparamos para dejarnos los hiladillos en las escaleras

El Monasterio Roussanou es el único habitado por monjas, y tras subir sus 208 escalones, cruzar un puente de madera que te separa del abismo y “taparte” con los pareos que allí mismo te dejan ya que las mujeres debemos llevar falda (no vale con llevar pantalón largo), puedes disfrutar de sus pequeñas salas que conservan frescos en las paredes, pequeños jardines con unas vistas de vértigo colgados sobre precipicios y disfrutar del olor que desprenden sus arboles frutales.

A punto de entrar en nuestro primer Monasterio... tras la primera tacada de escaleras

A punto de entrar en nuestro primer Monasterio… tras la primera tacada de escaleras

Y todo eso en un edificio que parece enano y se ve en un santiamén. En este, no sé si porque era todavía temprano o porque no es de los más “visitados” sólo nos encontramos con una pareja en su interior, y como el mundo es un pañuelo súper txikia, vascos ellos también… casualidades de la vida.

Después acercamos el coche hasta el Monasterio de Varlaam, uno de los más imponentes por su ubicación, encajado en la cima de la roca a más de 500m de altura, en el que sólo tienes que subir 126 escaleras para acceder a su interior.

El Monasterio de Varlaam visto desde el Megalo Meteoro

El Monasterio de Varlaam visto desde el Megalo Meteoro

Lo más curioso de este monasterio es sin duda el enorme barril que ocupa una sala, que nos hubiera gustado saber cómo llego hasta allí…

Y por último fuimos hasta el Megalo Meteoro, el más grande de todos los monasterios (el nombre le viene que ni pintado), y también el más visitado… aquí sí que había gente a mansalva. En este primero tienes que bajar 107 escalones (que a la vuelta, evidentemente tienes que subir) y después subir 186.

Subiendo...

Subiendo…

Desde su patio hay unas vistas increíbles sobre los alrededores, que bien valen la pena disfrutar durante un rato. A pesar del gentío, siempre puedes encontrar sitios con encanto y lo suficientemente tranquilos para pensar en paz.

Lugares donde meditar o, incluso, no pensar en nada

Lugares donde meditar o, incluso, no pensar en nada

En este monasterio visitamos su original museo, dedicado a los héroes griegos, en el que vimos los diferentes atuendos a lo largo de la historia de los soldados griegos… un museo de la guerra en un monasterio? Sep

A estas alturas llevábamos ya ¡627 escaleras! subidas y bajadas, así que con las piernas flojas nos fuimos a comer… que bien que nos lo habíamos ganado.

Fuimos hasta la Tavern to Paramithi [WEB], en Kalambaka, que teníamos apuntado como sitio recomendable y no nos decepcionó, aunque nos costó encontrarlo, eso sí. Nos sentamos en su frondosa terraza y esperamos a que nos sirvieran sin ninguna prisa.  Pedimos unos palitos de queso rebozado para compartir, Ana se cogió pescado asado y yo pasta… Todo súper rico, y la atención, como siempre, excepcional.

Queso feta rebozado.... mmmmmmm

Queso feta rebozado…. mmmmmmm

Con el estómago lleno nos fuimos a descansar al hotel, a darnos unos baños en la piscina y tirarnos durante buena parte de la tarde en sus tumbonas, disfrutando de las vistas que tiene el hotel sobre las formaciones rocosas de Meteora.

Tras una ducha reconstituyente cogimos el coche hasta la Meteora Tavern [WEB], un sitio muy familiar, con comida rica y casera (aunque nosotras acabamos cogiendo carne, vimos pasar platos de guisos con muy buena pinta). Nosotras nos cogimos souvlaki y unas salchichas (muy parecidas a los chorizos criollos) todo ello hecho a la brasa.

Souvlaki, una más de las delicias gastronómicas griegas

Souvlaki, una más de las delicias gastronómicas griegas

Cuando acabamos, nos fuimos a hacer las maletas que al día siguiente volvíamos a la carretera en busca de otro destino.

Gastos del Día

  • Entrada Rossenau -> 4€
  • Entrada Varlaam -> 4€
  • Entrada Megalo Meteoro -> 4€
  • Comida en TAVERN TO PARAMITHI -> 21’50€
  • COMPRAS EN EL LIDL -> 14,12€
  • Gasolina -> 45,10€
  • Cena en METEORA TAVERN -> 23,70€