Bélgica 2009 – Conclusiones

Cuando llega el final de un viaje es hora de hacer balance… Nos ha gustado mucho, y nos quedamos con un poco de pena por no poder visitar algunos sitios que teníamos en nuestra agenda, aunque, claro, eso siempre es una excusa para volver. Nos encantó sobre todo Brujas, por sus canales, sus casas de piedra, ese ambiente cicloturista y la historia que se respira en cada no de sus rincones.

Brujas es precioso, sus canales, sus parques...

Si me tengo que quedar con un lugar en especial, lo haría con el Jardín de las esculturas de la Sint-Pauluskerk, en Amberes, y eso que el tiempo no acompañó, o tal vez precisamente por eso, no sé, la soledad con la que pudimos recogernos en ese espacio… me hubiera quedado horas allí.

Un lugar muy especial

La gente, creo que como en otros muchos lugares a los que hemos viajado ha sido encantadora, y aunque excepto en Bruselas que hablan francés, y más o menos nos defendemos, el hecho de que se hablará neerlandés no es ningún problema, se ve que hay mucho turista español por allí, nos cruzamos con unos cuantos, y en muchos sitios chapurrean el castellano.

Repetiría? Ummm no lo sé, creo que antes hay otros muchos sitios a los que me gustaría ir; no me quedé con esa sensación, como cuando dejé Roma, París o Nueva York, de que algún día seguramente volvería a pasear por sus calles. Aunque nunca se sabe…

Gastos del Viaje:

  • Vuelos Santander – Colonia y Bruselas – Santander –> 280,92 €
  • Alojamiento 2 noches en Colonia, 3 noches en Brujas, y –> 506 €
  • Transportes (tren, autobús, metro, etc.) –> 369 €
  • Alimentación (comidas, cenas, vicios, etc.) –> 399,72 €
  • Entradas y pases –> 97,5 €

Total para 3 personas –> 1653,14 € (551,04 € por persona)

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Bélgica 2009 – Día 9: De la zona europea a casa…

Último día del viaje, y siempre que llega en un viaje lo hace con la misma sensación… jo! ya se acaba? Además, últimamente nos habíamos acostumbrado a viajes en verano más largos, pero bueno, algún día hay que volver, y para nosotros ese día había llegado.

Las vistas desde nuestro apartamento

Después de recoger un poco el apartamento y dejarlo más o menos decente, cogemos nuestras maletas y las arrastramos cinco pisos abajo (lo de arrastrarlas es literal). Cogemos el metro hasta la estación de trenes de donde salen los autobuses para el aeropuerto de Charleroi, y las dejamos en las consignas de allí. El vuelo sale casi a las 19:00, así que tenemos medio día para ver lo que nos queda de Bruselas…

Localizamos el lugar exacto de donde salen los autobuses para no andar luego muy apurados, y la verdad es que nos costó un rato, así que mejor haberlo hecho con tranquilidad por la mañana.

Nos vamos hasta el Barrio europeo (con un ticket de metro sencillo cada uno, ya que nuestro pases de 3 días ya había caducado) pero sin picarlo… por si acaso, aunque como siempre, no nos lo pidieron y viajamos con el a todos lados esas escasas horas que nos quedaban en la capital. Su construcción más característica y la que todos podemos reconocer, porque quién no lo ha visto en algún informativo, es el edificio Berlaymont, una especie de tricornio de acero y cristal, plagado de banderas de la Unión.

Habremos visto este edificio miles de veces por la tele

Es, como el edificio de las Naciones Unidas de Nueva York, un sitio al que hay que ir… aunque aún no he descubierto el porqué… El tiempo empezaba a tornarse ya en desagradable, viento frío e incluso algunas gotas de lluvia. Y eso que aún era principios de septiembre.

Siguiendo la calle Wetstraat llegas al Parc du Cinquantenaire. Toda la zona en general, como era domingo, estaba desierta así que suponemos que con mayor actividad las impresiones que nos causó hubieran sido diferentes. Nosotros no teníamos tiempo para visitar sus museos así que simplemente dimos un corto paseo.

En la entrada al Parc du Cinquantenaire

Volvemos nuestros pasos hasta la Archimedesstraat, para llegar a Ambiroix en busca de una de las fachadas de Art Nouveau más bonitas que existen… y no la encontramos!! Fuimos hacia un lado y hacia otro buscando el número, pero la lluvia ya era más consistente y desistimos… lo apuntamos en nuestra lista que cosas pendientes y decidimos buscar una boca de metro para bajar al centro, que parece que al estar más recogidito se estará mejor.

Al menos esa pequeña decepción sirvió para que, una vez ya en el centro encontráramos a la Jeanneke Pis, que había perdido la esperanza de encontrar el primer día que la buscamos, y es que la verdad está muy complicado… porque es un pequeño callejón y además la pobre está tan escondida detrás de esa enorme verja.

La Jeanneke Pis, casi desconocida

Creo que está en el Impasse de la Fidélité, así que marcadlo en vuestras guías, por que ya os digo que no es fácil encontrarla. Bueno, conseguido este pequeño hito para nosotros, nos vamos a comer. Elegimos uno de los restaurantes de la Rue des Bouchers para despedirnos. Hay un montón de ellos, y más o menos ofrecen menús y precios parecidos, solo se trata de elegir el que más os convenga…

Elegimos cada uno su menú y a parte Ana y Unai unos mejillones, muy típicos de Bélgica, aunque tengo entendido que los traen todos de Holanda, y además no tienen nada que ver con los de aquí, son mucho más chiquitillos y con peor pinta…

Carne a la pimienta, bastante rica

Salimos bastante satisfechos, aunque aún nos quedaba sitio para el postre… Los tres teníamos claro que no nos queríamos marchar de Bruselas sin volver a comernos un gofre de Le Funambule, y allí que nos fuimos. Pasamos primero, eso si, por la Grande Place en la que había una especie de reunión de ex-militares y allí había todo tipo de vehículos de guerra, agentes de diferentes unidades y muy variopintas edades, etc.

Esta concentración habría hecho las delicias de cualquier aficionado a las "guerras"

No tenemos tiempo para detenernos mucho, así que sólo pudimos ver un poco lo que nos iba saliendo al paso. Ir hasta allí también nos sirvió para despedirnos del Manekken Pis, que recordamos que esta al lado, y además esta vez pudimos inmortalizarlo desnudito…

El Manneken Pis, esta vez desnudito

Después de saciar nuestras ansias de dulce, nos despedimos con pena de Bruselas y de Bélgica, toca recuperar nuestras maletas, coger el autobús al aeropuerto… y pelearnos con ellas para que nos entre todo en las tres de mano que llevábamos. Allí son muy estrictos con el equipaje de mano y un bulto es un bulto, así que te tiene que entrar todo, bolso y ordenador incluidos, en la maleta… en fin un estrés total y absoluto que al final deshaciéndonos de algunas cosas allí mismo conseguimos superar.

El vuelo con Ryanair fue, como siempre perfecto… y volvimos a casa esperando volver algún día.

Gastos del día:

  • Comida en Rue des Bouchers –> 51 €
  • Gofres en Le Funambule –> 8 €
  • Autobús al aeropuerto –> 13 x 3 = 39 €

Bélgica 2009 – Día 8: Amberes. El hogar de un héroe

Con frío y el cielo encapotado nos recibió el nuevo día. Bueno, estamos de vacaciones, pensamos, así que aunque lo que realmente apeteciese era quedarse en el apartamento y ver unas películas, tapados con una mantita, hay que salir a turistear.

Cogimos el tren hasta Amberes, ciudad a la que llegas en un periquete desde Bruselas. Su nombre viene de una leyenda según la cual una gigante habitaba el río Escalda, cobrando peaje a todos aquellos barcos que quisieran navegarlo y si algún capitán se negaba a pagar les cortaba la mano y la arrojaba al río. Cansado ya de tanta barbarie, el soldado romano Brabo decidió enfrentarse al gigante, y tras conseguir vencerle, le impuso el mismo castigo. Cortó su mano y la arrojo al río… Ant = mano y Werpen = lanzar, o sea Antwerpen = Amberes.

Cogimos un metro, sin pagar esta vez el ticket, porque allí parece que nadie pasa por taquilla… hasta la Groenplaats, bonita y supuestamente bulliciosa plaza, a nosotros el tiempo no nos acompañó por lo que suponemos que por eso estaba más desierta. En uno de sus lados podemos ver como destaca la Onze-Lieve-Vrouwekathedraal, o Catedral de Nuestra Señora, que se levanta varios metros por encima de los edificios que la rodean.

En la catedral de Amberes destaca por encima de todo su alta torre

De hecho es la catedral más grande de Bélgica. De estilo gótico, su torre de más de 100 metros de altitud es el orgullo de Amberes. Además en su interior alberga importantes obras del maestro Rubens, el vecino más insigne de la ciudad.

A unos pocos pasos está la Grote Markt, con su escultura en medio del héroe de la ciudad, Brabo que está a punto de lanzar la mano del gigante al río… Las casas que rodean esta plaza vuelven a ser las mismas que hemos encontrado en Bruselas y Brujas en sus plazas mayores. Siguiendo el mismo estilo.

Brabo, a punto de lanzar la mano del gigante al río

Pero destaca su ornamentado Ayuntamiento, de estilo manierista, con un montón de banderas colocadas en su fachada. Callejeamos un poco siguiendo el recorrido que nos remienda nuestra guía, en busca de la Sint-Pauluskerk, importante centro de estudios durante la edad media.

En el Jardín de las esculturas encontramos un bonito y solitario lugar donde hacernos unas fotos. Queríamos haber entrado dentro, pero había una boda y no nos dejaron pasar a su interior… vaya, tendremos que dejarlo para otra ocasión. Y lo lamento porque la gente dice que realmente vale la pena entrar, por sus obras de arte, y también por la exquisita decoración. Bueno, que le vamos a hacer, volveremos…

Un rincón con mucho encanto

Por cierto entre el discurrir de calles y edificios, encontré este simpático portal en el que me encantó el detalle de Adán y Eva con la manzana…

Precioso detalle, aunque no recuerdo en qué edificio

Bueno, tras la decepción por no poder entrar, continuamos con el recorrido impuesto, que nos llevaría en este caso hasta el Vleenhuis (casa de la carne), un edificio de ladrillo rojo y piedra que actualmente alberga el Museo de Historia. Las calles estaban desiertas así que deambular entre algunas de éstas, casi te transportaba a antiguas épocas.

Ladrillos rojos y pedras blancas que te hacen revivir épocas pasadas

Nos acercamos al río, y más concretamente al Het Steen, un bonito castillo medieval a orillas del Escalda. Data del siglo XIII y es probablemente el edificio más antiguo que puedes encontrar en Amberes. Su nombre, que significa La Roca del Rey, fue impuesto por Carlos V después de una importante restauración.

El Het Steen es probablemente el edificio más bonito de Amberes

También alberga un museo en su interior, en este caso el de Arqueología. Era ya hora de comer y nos habíamos preparado unos sandwiches, pero el tiempo en Amberes no invitaba a sentarte a la fresca y montarte un picnic, así que para calmar un poco el runrun de nuestros estómagos, entramos en un puestos de esos de patatas fritas… estaban mucho más ricas las de Bruselas, todo hay que decirlo, pero bueno, estas tampoco estaban mal.

Mmmm patatas fritas!!

Cogimos el tren de vuelta a Bruselas, y allí el tiempo parecía más apacible. Subimos hacia el Koekelberg, o Basílica del Sagrado Corazón, y comimos en uno de los bancos del Parc Elisabeth, cuyo trazado reproduce la forma del anagrama del rey Leopoldo II, un bonito lugar donde descansar y dedicarse a la vida contemplativa.

Pero habíamos ido hasta allí para ver el Koekelberg, no? Es un edificio que, de entrada, impresiona, tanto por sus dimensiones, es la quinta iglesia más grande del mundo, como por su característica arquitectura. Su exterior probablemente resulta anodino, construida en el siglo XX con materiales y de la época y estilo de la época, no como todas esas iglesias góticas románicas, renacentistas, etc. que estamos acostumbrado a ver.

Koekelberg, un edificio, cuanto menos, peculiar

Para entrar hay que pagar 3 €, además se puede subir a su cúpula, pero nosotros queremos llegar hasta el Museo del Cómic [página web] antes de que lo cierren, así que dejamos esa visita para otra vez… si es que volvemos algún día. En el número 20 de la Rue des Sables se encuentra el Centre Belge de la Bande Dessinée, aquí tenéis su web, en un edificio Art Nouveau diseñado por Victor Horta.

Aquí Unai hizo algún amigo

Personalmente no es un sitio que repetiría, yo me espera algo más, pero bueno, si os gusta mucho el cómic no os lo podéis perder. Hay un montón de tiras originales de diferentes cómics y algunas maquetas de personajes, como Tintin, tal vez el belga más conocido…

La verdad es que nosotros lo pillamos en parte en obras, así que igual por esos no nos gustó tanto. Bueno hicimos unas cuantas fotos y a otra cosa, mariposa. Y esa cosa era comprar los regalos y cosillas de última hora, ya que al día siguiente nos íbamos. Entre esas viandas no podían faltar los típicos chocolates, en este caso Leonidas [página web], que llevamos para casa, el trabajo, los amigos… etc. un montón de cajitas, vamos.

Vaya con los chocolates belgas, qué ricos estaban!

Y están buenos, muy buenos, así que su fama es más que merecida. Sin más con nuestros regalitos nos fuimos hacia el apartamento a preparar las maletas, con la tristeza en el cuerpo de que al día siguiente había que volver… snif.

Gastos del día:

  • Cestos de patatas fritas –> 2 X 2,8 € = 5,60 €

Bélgica 2009 – Día 7: Por todos los rincones de Europa

Al menos el día había salido soleado, aunque hacía fresco, que sí, que nosotros somos del norte y tal y tal… pero estos son más del norte, y la temperatura comenzaba a ser ya otoñal. Bueno, empezamos nuestra ruta en la Hallepoort o Porte de Hal, ya que ese día pasearíamos por la zona de Marolles y Sablon.

Una de las antiguas puertas de la ciudad

Es la única puerta medieval que se conserva de la ciudad, y lo cierto es que por sus dimensiones impresiona. Fue renovada en el siglo XIX y ha perdido gran parte de su aspecto original.

Continuamos hasta el Palacio de la Injusticia, había tantas pintadas que lo llamaban así (Palais d’injusticie) que decidimos no cambiarle nosotros el nombre, que digo yo que ellos estarán más enterados. Es una mole descomunal, que al encontrarte además, en una posición inferior parece aún más grande… nosotros sólo lo vimos por fuera, pero creo que se puede visitar su interior.

El imponente Palacio de la Injusticia

De aquí nos fuimos hacia la Eglise Notre-Dame de la Chapelle, que destacaba nuestra guía porque es la iglesia de la comunidad española… ¿? Bueno nosotros podemos dar fe, ya que había una Virgen con una bandera española en su interior… (sin comentarios).

La Notre Dame de la Chapelle, bonita por fuera, no tanto por dentro

Subimos por la Grote Zavel, para llegar a los pies de Notre-Dame du Sablon, una bonita iglesia repleta de grandes vidrieras, muy del estilo gótico de Bramante. Me encantó su interior (del que no conservo buenas fotos y por eso no las cuelgo aquí), sobre todo por el color verde de alguno de sus techos, algo poco usual en las iglesias, y también por ser escenario en el que se basó Ken Follet, todo como siempre según “se dice se comenta”, de los Pilares de la Tierra… sin duda, mi libro favorito, y supongo que el de muchas personas más.

La verdad es que es preciosa

A mi me pareció espectacular, como también nos lo pareció la Place du Petit Sablon, un rincón donde quizá con un poco mejor temperatura nos hubiéramos quedado más. La valla que la rodea está rematada por diversas estatuas que representan los distintos gremios de la ciudad.

En este parque nos hubiéramos quedado un buen rato más, pero hacía demasiado frío

Empezaba ya a hacer frío, del de verdad, del que te pide algo más que una chaqueta para pasear… pero como tampoco pensábamos dar marcha atrás en nuestro planes continuamos caminando… A un par de minutos está el Old England, un edificio Art Noveau, uno más de los muchos que puedes encontrar en la ciudad, y que alberga el Museo de Instrumentos Musicales (que no es que nos interesen mucho así que hacemos un par de fotos al edificio y ya está).

Edificio Old England, bonito ejemplo de Art Nouveau

Llegamos hasta el Parc de Bruxelles, probablemente el más grande de la ciudad (si hay otro mayor lo desconocemos) y en el que dicen (jo! siempre recurriendo a las malas lenguas) que en su diseño se esconden un sinfín de símbolos masónicos. Pues vale!, pensamos, nosotros seguimos nuestro camino.

Cogemos un metro hasta la Grand Place para acercarnos a la oficina de turismo; la razón: comprar unos pases The Must of Brussels [página web]. Que se compone de varios cupones que tú te organizas para entrar en tal o cual atracción… nosotros calculamos los que nos hacían falta para lo que queríamos ver… vienen 10 cupones, somos tres, necesitamos 4 cupones para el Atomium, 3 para el Museo del Cómic y 6 para el Mini-Europe… haciendo unas reglas de tres complicadísimas y un par de logaritmos neperianos, nos sale que con cuatro pases de esos nos apañamos y encima nos sobra un cupón que lo empleamos en cogernos una guía y una mapa…

Fiuuuu! tras el agotamiento cerebral nos vamos a reponer fuerzas a un chiringuito donde venden esas patatas fritas que quitan el sentido! Qué ricas están! Y eso que tú piensas que no debe tener ningún truco hacer unas patatas fritas… pues sí que lo tiene! el truco está en freirlas dos veces… bueno, las que comimos aquí fueron las que más nos gustaron, aunque no recuerdo ni nombre ni lugar (lo siento).

Unas de las patatas fritas más ricas que he comido

Tras el amaiketako de rigor nos vamos hacia el parque Mini-Europe, en el que invertimos parte del medio día y la tarde viendo sus más de 300 maquetas de los lugares más típicos de Europa (sí, el nombre no deja mucho margen a la imaginación…)

En la entrada del parque

La cosa se convirtió en una sucesión de ooohh! ahí hemos estado; o bien ooohh! como me gustaría ir allí. Las maquetas no están mal, unas mejor que otras en realidad, y en algunas puedes interactuar, haciendo girar los míticos molinos holandeses por ejemplo.

Aprovechamos para comer en el lugar, unos sandwiches que llevábamos preparados del apartamento, mientras veíamos despegar el cohete europeo Ariana (bueno su reproducción). Un lugar que nos encantó encontrar fue la Catedral de Santiago, al final las raíciñas salieron a relucir, así que foto al canto…

Una mini-catedral

Por cierto que cuando entrar te hacen una foto con la mascota del lugar y si quieres a la salida puedes comprarla, yo me pregunto quién en su sano juicio podría comprar una foto con dicha tortuga… aunque si siguen haciendo fotos alguien habrá que las compre… nosotros desde luego allí que la dejamos.

Nos vamos hasta el Atomium, es una reproducción de una molécula de hierro pero elevado a nosecuantos millones. Fue construida para la expo de la ciudad, pero, como ha pasado en otros muchos sitios, se ganó un hueco entre los lugares turísticos de Bruselas; y ahí sigue, aguantando el tipo.

Las vistas desde alguno de los átomos no están nada mal

El invento consiste en 9 esferas conectadas entre sí, unas mediante ascensor, otras mediante escaleras mecánicas, y otras muchas con escaleras a pata… Fuimos a cada una de ellas, y bueno, se pueden ver unas buenas vistas sobre la ciudad desde la esfera más elevada (a la que por suerte te sube un ascensor)

Hoy tocaba la pateada del viaje, en todos los viajes tiene que haber alguna, y hasta ahora el tema había estado muy relajado. La gran pateada del viaje se trata de un pequeño paseo que comienzas para ir a un lugar interesante y que al final se convierte en una matada porque el sitio resulta que estaba en el quinto pino (o en el sexto a veces).

Nuestra intención era ir a ver los edificios orientales que el rey Leopoldo II mandó construir. La visita merece la pena, aunque huelga decir que nosotros llegamos cuando ya estaba cerrado y sólo los vimos por fuera, pero lo que caminamos para llegar hasta ellos… por cierto estan en el parque Laeken, por el que caminamos para llegar hasta aquí.

Un sitio precioso, pero habría que encontrar una forma mejor de llegar a él

A mi la que más me gustó fue el pabellón chino, aunque la pagoda japonesa, con su intenso color rojo es digna de admirar también… Buscando una parada de autobús, odisea para encontrar algo de civilización por la zona a parte de los miles de coches que pasaban incluida, llegamos al Palacio Real de Laeken, donde vive la familia real belga, y con razón, por que el sitio se adivina como un pequeño paraíso verde.

Frente a él encontramos nuestra tan ansiada parada, y esperando a que llegara algún autobús pudimos disfrutar de las vistas del Monumento a Leopoldo I, rey de Bélgica, un coqueto templo neogótico.

Una mini-catedral

Con los pies machacados y entumecidos un poco por el frío que pasamos esperando el autobús nos vamos al apartamento, esperando que al día siguiente la cosa mejorara.

Gastos del día:

  • Conos de patatas fritas –> 2 X 2,5 € = 5 €
  • The Must of Brussels –> 4 x 17 € = 68 €

Bélgica 2009 – Día 6: Brujas – Bruselas. El niño meón… y unos gofres del copón

Hicimos las maletas por la mañana y nos despedimos de nuestro alojamiento y de sus dueños, muy amables también en la despedida. Queríamos coger el tren sobre las 11:00 ya que habíamos quedado en Bruselas con la dueña del apartamento más o menos a las 13:00. Y así lo hicimos.

No nos costó nada encontrar nuestro nuevo alojamiento, está un poco alejado del centro, pero cerca de una boca de metro que te lleva a cualquier parte, a nosotros con eso nos vale. Lo peor del sitio es que era un 5º sin ascensor… así que decidimos durante los días que nos quedaban allí, no ir al apartamento más que para lo esencial, no era plan de subir esas escaleras más de lo estrictamente necesario.

Hasta allí arriba teníamos que subir todos los días… uf! Qué pereza!

Una vez nos medio situamos, vamos hacia el centro en busca de un sitio para comer, porque entre una cosa y otra eran casi las 14:3o; lo primero que nos encontramos y nos apetece es un Pizza Hut, así que repetimos prácticamente el menú de Gante, ya variaremos otros días. Comimos en el que está al lado del edificio de la Bolsa, que es en la parada que nos bajamos para ver la zona centro de Bruselas. Se dice, se comenta que incluso Rodin realizó alguno de los relieves que posee.

El imponente edificio de la Bolsa

A pocos pasos de este imponente edificio, está la Grand Place, aunque antes puedes detenerte para echar un vistazo a la Iglesia de San Nicolás, un edificio aparentemente nuevo, pero que guarda varios “tesoros” en su interior de muy distintas épocas. Pero nuestro destino era otro, así que entramos a la Grand Place, centro neurálgico de la capital europea, por la Boterstraat, está rodeada por el Ayuntamiento a un lado, frente a nosotros cuando entramos, la Broodhuis (Casa del Rey), y numerosas casas de distintas corporaciones a cada cual más ornamentada.

El Ayuntamiento y su torre descentrada

El Ayuntamiento es el edificio que más destaca, con su alta torre, que sorprendentemente no se encuentra en el centro, según la leyenda (que nos cuenta la guía que compramos) el arquitecto al darse cuenta de ese grave error, se suicidó tirándose de la citada torre. Pobre, que no era para tanto, hombre…

La Casa del Rey fue en principio una casita de madera donde se vendía pan (de ahí el nombre de Broodhuis) fue pasando de mano en mano, de noble en noble, hasta que Carlos V le hizo una reforma, que ríete tu de Extreme Makeover, en estilo gótico; aunque ha sufrido muchas remodelaciones, hasta convertirse en lo que es hoy día… bueno, es un bonito edificio.

Brodhuis, o Casa del Rey, reforma tras reforma hasta llegar a ser lo que es hoy en día

Nos vamos en busca del Manneken Pis, salimos por una de las esquinas de la plaza y… Uops! nos hemos equivocado… bueno con el error nos topamos con las Galeries Saint-Hubert, sacamos un par de fotos y volvemos sobre nuestros pasos.

A ver Ana, por donde salimos?

Esta vez sí, nos metemos por la calle de la izquierda del Ayuntamiento, donde en una galería porticada hay una escultura que dicen que si la tocas da buena suerte o vuelves a Bruselas, o alguna tradición de esas (lo siento, no me acuerdo). La cosa es que no se sabe muy bien si hay que tocar al hombre, la cabeza del perro… como veréis está tan manoseada que lo mejor, si crees en estas cosas, es, por si acaso, tocar todo lo que este pulido… yo me abstengo y Ana, que es muy de, allá donde fueres haz lo que vieres, pues se dedica a toquetearla por aquí y por allí.

No sabemos para que sirve, pero por si acaso...

Siguiendo la misma calle llegas a uno de los símbolos de la ciudad, probablemente el más conocido, el Manneken Pis; esa esculturcilla del niño meón. Es minúscula y no tiene mayor valor artístico que el hecho de ser una fuente de un niño meando… pero es ya todo un símbolo de Bruselas y Bélgica. Ese día nosotros lo pillamos disfrazado de algo así como un mosquetero, pero por suerte el último día estará desnudito, así que repetiremos visita (hay unos papeles que te indican de que estará vestido y cuando justo en la verja que lo protege de la multitud).

El Manneken Pis disfrazado de ¿mosquetero? Ahora incluso tiene un traje del Athletic Club

Otra razón para volver aquí es comernos uno de esos gofres tan ricos en Le Funambule, para nosotros los más ricos con diferencia. Es un chiringuito (una ventanilla a la calle, más bien) justo al lado del Manneken… 100% recomendables. Aprovisionados con una buena carga de azúcar, aquí cada uno se pidió el suyo a su gusto, seguimos caminando por las calles de Bruselas. ¡Hay que quemar esas calorías!

Mmmmm ricos no, riquísimos!

Torcemos a la derecha (bueno izquierda del Manneken Pis si lo ves de frente) por la Lievevrouwbroersstraat, hasta que encontramos la Eglise Notre-Dame-de-Bon-Secours, una etapa para los peregrinos que se dirigían hacia Santiago, bueno y para los que lo siguen haciendo también lo es (que tengo una manía de hablar en pasado…)

Camino de Santiago… anda que empezarlo aquí...

Una de las cosas que tiene Bruselas es que puedes encontrarte un montón de murales en sus fachadas, herencia de la importancia del cómic belga; muchos de nuestros personajes favoritos surgieron de la imaginación de autores belgas.

Nuestro siguiente punto en el camino era la Eglise Sainte-Catherine, que cuando aún era una pequeña capilla estaba adosada a los muros de la ciudad, muros que aun se conservan, fraccionados eso si, como si se hubieran conservado por fascículos. Es una mezcla de estilos, pero lo que realmente me sorprendió es lo “demacrada que está”, tan sucia, tan poco cuidada… tenía hasta flora y fauna en su fachada… no se, creo que deberían ponerse al día con el tema de la restauración de sus edificios…

Es una pena, que hayan dejado que llegue a este punto...

Una vez vista también por dentro, vamos hasta la Cathédrale Saint-Michel que, esta sí, se nos muestra en todo su esplendor, ya que en 1990 se limpió y restauró por completo (¿y no podían haber seguido con las demás?) Recuerda un poco por fuera a Notre Dame de París; lo mejor es su situación, elevada y sin edificios alrededor que la opriman en demasía, un parque frente a ella, es el lugar ideal para sentarse o tumbarse un rato a descansar mientras observas su fachada.

Esta sí, luce en todo su esplendor. ¿No recuerda a Notre Dame?

He aquí otro ejemplo del cómic inundando las calles de Bruselas, una simpática escultura… Después de esto buscamos un supermercado donde comprar algo para cenar los días que nos quedan en Bruselas en el apartamento, y para casita a descansar. Por cierto nosotros cogimos tres pases de metro para tres días, eso sí, se pican antes de bajar las escaleras al metro, y no hay ninguna puerta que te impida entrar si no lo haces, y nadie nos los pidió mientras estuvimos allí…

Bruselas está plagada de referencias al cómic

Gastos del día:

  • Billetes de metro 3 días –> 9,50 € x 3 = 28,50 €
  • Comida en Pizza Hut –> 34,70 €
  • Gofres en Le Funambule –> 8,50 €
  • Compras en el Carrefour Express –> 15,70 €

Bélgica 2009 – Día 5: Un poco de lluvia…

Este día el sol decidió abandonarnos, y nos acompañó una ligera lluvia durante toda la jornada… bueno, nosotros seguimos con lo planeado, que es visitar Gante.
Vamos hasta la estación de tren en bici (para variar) y allí las dejamos aparcadas, donde cabía, y no muy escondidas porque si no cualquiera las reconoce a la vuelta entre todas las que hay ahí…

Para cuando llegamos a la estación de Gante no sabemos hacia donde tirar, la verdad lo de los tranvías no lo tengo nada claro, cogemos el nº1 por instinto, parece que será el que nos llevé hacia el centro, y más o menos acertamos. Digo más o menos porque por lo menos hemos conseguido llegar al Gravensteen, o Castillo de los Condes de Flandes. Se trata de un castillo medieval, muy bien conservado, y que si te gusta eso de pasear entre torres y salas de piedra no te puedes perder.
Desde sus torreones se pueden ver unas muy buenas vistas de la ciudad, aunque cuando fuimos nosotros había grúas enormes por todos lados que inundaban las fotos, así que, cualquier intento por sacar una panorámica decente se quedó en eso, en un simple intento. Para muestra un botón…
La visita al castillo es muy interesante, además cuenta con una considerable colección de artilugios de tortura, por si aún necesitabais algún aliciente para acercaos a verlo, aunque a mi lo que más me gusta es pasear por esas estancias en las que huele a Historia.
Salimos del Castillo y nos dedicamos a callejear un poco, sin perder de vista las altas torres que adivinamos nos llevarán a la zona más turística de la ciudad. Hay un montón de bonitos edifios por el Casco Antiguo, así que merece la pena perderse entre sus calles
Llegamos hasta el antiguo puerto de Gante, a ambos lados podemos disfrutar de las vistas de las calles Graslei (calle de las hierbas) y Korenlei (calle del trigo). En la primera puedes disfrutar de edificios románicos, góticos y renacentistas, así que casi casi podríamos dar una clase de Historia del Arte sin salir de esta calle… lo cierto es que sus siluetas reflejadas en el río te invitan a sentarte y disfrutar del lugar sin prisas.
Bueno, nosotros no es que tuviésemos prisa, pero nuestro estómagos parecían más apurados, así que buscamos un lugar para saciarlos. Entramos en el Pizza Hut que hay en la Korenmarkt y nos tomamos unas pizzas, obviamente, y unas ensaladas.
Aunque antes intentamos entrar en la Sint-Michielsklerk, pero estaba en obras y no se podía entrar.
Aquí en Gante también podéis encontrar una gran torre a la que subir, se trata del Belfry, aunque nosotros como en Brujas, pasamos. No se, hemos subido a muchos sitios de estos para ver la panorámica de aquellas ciudades que hemos visitado, pero estas dos torres, como que no me llamaban… por no contar los escalones que nos hemos ahorrado… en fin, si volvemos y sigue ahí, pues nada nos lo plantearemos.
Así que nada, pasamos de largo por su lado, y nos vamos hasta la Sint-Baafskathedraal, este era uno de los puntos importantes que tenía marcados en Gante, y la razón principal era poder ver “La adoración del cordero místico” de Van Eyck.
Bueno aquí nos pasó lo siguiente. Resulta que entramos y nada más pasar la puerta nos encontramos una mesita como de entrada a algún lugar con la imagen de susodicho cuadro y como que había que pagar entrada… yo ahí me indigno y claro: que si siempre igual, que si hay que pagar para ver justo lo “único” interesante que tienen, que tiene un negocio montado con esto de la pera, que si es “Patrimonio de la Humanidad” deberíamos poder disfrutar de ello libremente, vamos que estaba contenta, no? y de repente nos topamos con un grupo de alemanes que salen de una capilla… y yo: Ups! a ver si va a ser aquí… total que nos colamos con un grupo de franceses que también estaban esperando y sí, ahí estaba… ejem, sin pagar ni nada, vete tu a saber para que era lo que habíamos visto a la entrada.
Bueno, me disculpo según vamos saliendo de la Catedral, aunque sólo por esta obra en concreto, porque con otras bien que se hacen de oro, pero eso sí, ya podían poner más atención a la iluminación… porque está totalmente deslumbrado (esa mancha blanca no es ningún flash), que no se yo hasta que punto con ese foco ahí dándole de lleno no se estará cargando la pintura… bueno, doy por hecho que ellos saben más que yo así que…
Tras el momento calentón, vuelvo a la realidad de las calles de Gante. Antes e entrar a la catedral habíamos estado también en Sint-Niklaasklerk, aunque sus mejores fotos para mí son las que se pueden tomar desde la plaza de la catedral.
Deambulamos un poquito más por la calles de Gante, dejándonos sorprender por sus distinto edificios, hasta que ya volvemos a dar con la zona de Graslei y volvemos a coger el tranvía que nos lleve a la estación de trenes… bueno al menos esa era nuestra intención, porque cogimos el que no era, así volvemos a recalcar que en Gante el tema de los tranvía no está muy bien indicado, y nos vamos hasta tomar por saco, a las afueras de la ciudad. El conductor al darse cuenta nos dice que volvamos a montar y nos deja en una parada para hacer transbordo en otro tranvía que esta vez sí, nos lleve hasta la estación.
Lo bueno de toda esta aventura es que la parada del transbordo está junto a un puente fortificado el Rabot, que bueno, si bien no estaba en nuestras agendas, ya que estábamos ahí esperando al siguiente tranvía, pues le echamos unas fotos.
Llegamos a Brujas a poco antes de que empezara a anochecer, y decidimos volver a repetir en el PastaPresto (se nota que nos encanta la pasta?) y así aprovechamos para ver de noche la ciudad… aunque hacía un poco de fresco y no nos quedamos demasiado.
Gastos del día:
Billetes de tranvía –> 6 x 1,20= 7,20 €
Entradas Gravensteen –> 2 x 8 € + 6 € = 22 €
Comida en Pizza Hut –> 38,20 €
Cena del PastaPresto –> 17,60 €