#Grecia 2015 – Día 1 y medio: En el que visitamos el ombligo del mundo

Comenzaba un nuevo viaje, y una vez más lo hacía en el aeropuerto. Nuestros vuelos a Atenas, vía Amsterdam, salieron ambos a su hora y sin mayores incidentes. KLM es una compañía de la que empezamos a hacernos muy fans.

Ya en el aeropuerto, nos estaban esperando para formalizar el contrato de alquiler del coche, rellenamos los papeles, nos tomaron los datos de la tarjeta (por si hubiera alguna eventualidad) y quedamos en devolver el coche en el mismo hotel cuando estuviésemos de vuelta en Atenas. Así que solo nos quedaba poner en marcha el gas y rezar porque saliésemos sin problemas del aeropuerto.

No debimos rezar demasiado porque nos pasamos la salida que daba a la autopista que teníamos que coger y nos costó volver a dar con ella. Estuvimos kilómetros yendo por una carretera poco menos que regional paralela a dicha autopista. Al menos sabíamos que íbamos en la dirección correcta, el problema? Que el coche nos lo entregaban con la gasolina “justa” para air en busca de un sitio donde repostar. Así que ya empezábamos a ponernos un poco nerviosas cuando por fin dimos con el modo de meternos en la autopista y además con una gasolinera a os pocos minutos. Buff!! Salvadas por la campana!!

Con el deposito lleno y tras unas 2 horas y media llegamos a Delfos. Sin mucho más tiempo que el de llegar al hotel, en el que por cierto nos dieron una habitación con unas vistas increíbles al valle, aunque no habíamos pagado por ello, y además nos sirvieron fruta fresca y vino de la región. Además cuando nos fuimos nos regalaron un imán… sitio 100% recomendable si pensáis hacer noche aquí.

Vistas desde nuestra habitación.

Vistas desde nuestra habitación.

Buscamos un sitio para cenar, y de los muchos que hay en el pueblo elegimos el Phivos, ¿porqué? pues no lo sé. Tenía terraza vimos gente cenando y prácticamente todos los que vimos tenían un menú muy parecido, así que… Para adentro que nos fuimos!

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Calamares!! Los probé casi en cada sitio al que fuimos

Yo empecé con mi “tesis sobre los καλαμάρια en grecia” (calamares… ¡es que me encantan!), Ana empezó con la μουσακάς o mousaka, compartimos una ensalada y probamos la cerveza griega por primera vez. Por fin, por fin… ¡estábamos e Grecia!

Al día siguiente nos levantamos bien temprano para intentar evitar las hordas de turistas y las horas más calurosas mientras visitábamos la antigua Delfos. Y digo intentar porque ya a las 9 de la mañana los termómetros superaban los 30 y pico grados.

Pero bueno, las vistas desde las laderas del monte Parnaso eran espectaculares así que nos acercamos a la puerta de entrada y aquí descubrí que mi carnet de estudiante de la universidad (al que todavía le doy uso) nos iba a permitir hacer un 2×1 con las entradas, porque para estudiantes de la UE todas las entradas a los recintos arqueológicos de Grecia son gratis. Así que…

El sitio es espectacular, tanto por el sitio, como por el ambiente que lo rodea, un misticismo casi único de todos los que visitamos en nuestro viaje. Creo que fue el sitio más “mágico” en el que estuvimos. Eso o que el calor me estaba derritiendo el cerebro, que también puede ser XD

Alias "el ombligo del mundo", para que luego digan de los de Bilbao,

Alias “el ombligo del mundo”, para que luego digan de los de Bilbao,

Ascendimos por la Vía Sacra hasta llegar al Templo de Apolo, el primero de los muchos templos que veríamos en nuestro deambular por estas tierras. De estilo dórico, en él se custodiaba el ombligo del mundo (ὀμφαλός), ahí es nada. El Omphalós, ombligo, es un artefacto de piedra que según la mitología (y en este viaje, como no podía ser de otra forma, habrá mucha) Zeus depositó aquí después de soltar dos águilas desde los 2 lados opuestos del mundo y que este fuera el lugar donde se cruzaron. En la actualidad se exhibe en el museo.

También albergaba el Oráculo de Delfos, al que los fieles peregrinaban desde todos los rincones de la antigua Grecia para consultar a Apolo sobre las decisiones más transcendentales.

Veamos si los dioses nos son propicios en nuestra aventura griega

Veamos si los dioses nos son propicios en nuestra aventura griega

Seguimos subiendo por su escarpada ladera hasta alcanzar el teatro desde donde se pueden disfrutar de las mejores vistas sobre el precipicio, y el estadio.

Apenas había gente a estas horas, así que no podemos dejar de insistir en que si pensáis visitar el sitio y vais por vuestra cuenta, lo hagáis a primera hora. Nosotras pudimos sentir un poco de ese misticismo que lleva siglos acumulando, en buena parte porque estuvimos casi solas.

Mirad que vistas, como no iban a considerarlo un lugar mñistico

Mirad que vistas, como no iban a considerarlo un lugar místico

Si sigues por la carretera, un poco más adelante está el gimnasio y el Santuario de Atenea Pronaia, con uno de los pocos tholos, o templos circulares, que quedan “en pie”. Con 20 columnas dóricas en su exterior y 10 jónicas en su interior, debió ser increíblemente hermoso, si ya lo es ahora que apenas quedan 3 columnas en pie… Es probablemente la imagen más emblemática de Delfos, y no necesitas entrada para acceder a él.

Tholos de Athenea Pronaia, una construcción casi única

Tholos de Athenea Pronaia, una construcción casi única

Agotadas y asfixiadas decidimos entrar al museo, principal razón que nos movía en ese momento: el aire acondicionado. Decir que eran las 11 de la mañana y ya casi estábamos a 40 grados. Así que fuimos recorriendo con calma sus salas, puede que sea una visita prescindible, pero si se tiene tiempo, y ya has “pagado” la entrada, recomiendo visitarlo. El “Auriga de Delfos” o la “Esfinge de Naxos” son algunas de sus piezas más destacadas.

Esfinge de NAxos

Esfinge de Naxos

Una vez “refrescadas” fuimos a por el coche, que nos dejaron dejarlo en el hotel aunque ya habíamos hecho el check-out y pusimos rumbo al norte, hacia los inmensos pináculos de piedra de Meteora.

Peeeero, antes debíamos rendir pleitesía a otro lugar de leyenda: las Termópilas, con su batalla de los 300 contra el ejército Persa y el rey Leónidas a la cabeza. Aunque ya no se puede visitar el punto exacto donde el ejército griego plantó cara a Jerjes I, sí que se puede visitar el Monumento a Leonidas.

¡Esto es Esparta! eeeehh no, pero lo que mola decirlo...

¡Esto es Esparta! eeeehh no, pero lo que mola decirlo…

No hay mucho más que ver allí, así que seguimos con nuestro viaje hacia Kalambaka, parando únicamente para comer. El sitio elegido fue totalmente al azar, básicamente cuando el hambre apretó lo suficiente y necesitábamos estirar las piernas. Paramos en el To Mati, que nos hizo gracia y nos cogimos unos paninis y algo para picotear.

Una comida "de circunstancias"

Una comida “de circunstancias”

Llegamos al hotel de Kalambaka ya por la tarde, y sin mucha opción de hacer mucho más que darnos un chapuzón en la piscina y disfrutar de las vistas desde la habitación… ¡alucinantes!

Podríamos pasarnos horas contemplado este atardecer

Podríamos pasarnos horas contemplado este atardecer

Fuimos en busca de uno de los restaurantes que teníamos apuntados como must go, y ¡qué gran acierto! La Stefanos Tavern [WEB], en Kastraki, tiene un horno de piedra en su terraza donde asan todas sus carnes. Yo elegí el por kebap, puede que la mejor carne que probé en todo el viaje, y Ana el Pork Steak. Buena atención, ambiente muy agradable, entre turistas y gente de la zona, y carne muy sabrosa a precios asequibles. No podemos dejar de recomendarlo.

Aquí descubrimos lo sublime de la carne asada con limón

Aquí descubrimos lo sublime de la carne asada con limón

Habían sido 2 días muy largos entre vuelos, viaje en carretera y calor, mucho calor, así que nos retiramos pronto a la habitación a descansar… que al día siguiente nos esperaba otro día intenso.

Gastos del Día

  • Desayuno en el aeropuerto -> 10,90€
  • Agua/caramelos Amsterdam -> 6,25€
  • Gasolina -> 57€
  • Cena en PHIVOS Delfos -> 30’50€
  • Entradas Delfos -> 9€
  • Comida en TO MATI -> 12€
  • Cena en STEFANO’S TAVERN Kastraki -> 20€

Bélgica 2009 – Día 8: Amberes. El hogar de un héroe

Con frío y el cielo encapotado nos recibió el nuevo día. Bueno, estamos de vacaciones, pensamos, así que aunque lo que realmente apeteciese era quedarse en el apartamento y ver unas películas, tapados con una mantita, hay que salir a turistear.

Cogimos el tren hasta Amberes, ciudad a la que llegas en un periquete desde Bruselas. Su nombre viene de una leyenda según la cual una gigante habitaba el río Escalda, cobrando peaje a todos aquellos barcos que quisieran navegarlo y si algún capitán se negaba a pagar les cortaba la mano y la arrojaba al río. Cansado ya de tanta barbarie, el soldado romano Brabo decidió enfrentarse al gigante, y tras conseguir vencerle, le impuso el mismo castigo. Cortó su mano y la arrojo al río… Ant = mano y Werpen = lanzar, o sea Antwerpen = Amberes.

Cogimos un metro, sin pagar esta vez el ticket, porque allí parece que nadie pasa por taquilla… hasta la Groenplaats, bonita y supuestamente bulliciosa plaza, a nosotros el tiempo no nos acompañó por lo que suponemos que por eso estaba más desierta. En uno de sus lados podemos ver como destaca la Onze-Lieve-Vrouwekathedraal, o Catedral de Nuestra Señora, que se levanta varios metros por encima de los edificios que la rodean.

En la catedral de Amberes destaca por encima de todo su alta torre

De hecho es la catedral más grande de Bélgica. De estilo gótico, su torre de más de 100 metros de altitud es el orgullo de Amberes. Además en su interior alberga importantes obras del maestro Rubens, el vecino más insigne de la ciudad.

A unos pocos pasos está la Grote Markt, con su escultura en medio del héroe de la ciudad, Brabo que está a punto de lanzar la mano del gigante al río… Las casas que rodean esta plaza vuelven a ser las mismas que hemos encontrado en Bruselas y Brujas en sus plazas mayores. Siguiendo el mismo estilo.

Brabo, a punto de lanzar la mano del gigante al río

Pero destaca su ornamentado Ayuntamiento, de estilo manierista, con un montón de banderas colocadas en su fachada. Callejeamos un poco siguiendo el recorrido que nos remienda nuestra guía, en busca de la Sint-Pauluskerk, importante centro de estudios durante la edad media.

En el Jardín de las esculturas encontramos un bonito y solitario lugar donde hacernos unas fotos. Queríamos haber entrado dentro, pero había una boda y no nos dejaron pasar a su interior… vaya, tendremos que dejarlo para otra ocasión. Y lo lamento porque la gente dice que realmente vale la pena entrar, por sus obras de arte, y también por la exquisita decoración. Bueno, que le vamos a hacer, volveremos…

Un rincón con mucho encanto

Por cierto entre el discurrir de calles y edificios, encontré este simpático portal en el que me encantó el detalle de Adán y Eva con la manzana…

Precioso detalle, aunque no recuerdo en qué edificio

Bueno, tras la decepción por no poder entrar, continuamos con el recorrido impuesto, que nos llevaría en este caso hasta el Vleenhuis (casa de la carne), un edificio de ladrillo rojo y piedra que actualmente alberga el Museo de Historia. Las calles estaban desiertas así que deambular entre algunas de éstas, casi te transportaba a antiguas épocas.

Ladrillos rojos y pedras blancas que te hacen revivir épocas pasadas

Nos acercamos al río, y más concretamente al Het Steen, un bonito castillo medieval a orillas del Escalda. Data del siglo XIII y es probablemente el edificio más antiguo que puedes encontrar en Amberes. Su nombre, que significa La Roca del Rey, fue impuesto por Carlos V después de una importante restauración.

El Het Steen es probablemente el edificio más bonito de Amberes

También alberga un museo en su interior, en este caso el de Arqueología. Era ya hora de comer y nos habíamos preparado unos sandwiches, pero el tiempo en Amberes no invitaba a sentarte a la fresca y montarte un picnic, así que para calmar un poco el runrun de nuestros estómagos, entramos en un puestos de esos de patatas fritas… estaban mucho más ricas las de Bruselas, todo hay que decirlo, pero bueno, estas tampoco estaban mal.

Mmmm patatas fritas!!

Cogimos el tren de vuelta a Bruselas, y allí el tiempo parecía más apacible. Subimos hacia el Koekelberg, o Basílica del Sagrado Corazón, y comimos en uno de los bancos del Parc Elisabeth, cuyo trazado reproduce la forma del anagrama del rey Leopoldo II, un bonito lugar donde descansar y dedicarse a la vida contemplativa.

Pero habíamos ido hasta allí para ver el Koekelberg, no? Es un edificio que, de entrada, impresiona, tanto por sus dimensiones, es la quinta iglesia más grande del mundo, como por su característica arquitectura. Su exterior probablemente resulta anodino, construida en el siglo XX con materiales y de la época y estilo de la época, no como todas esas iglesias góticas románicas, renacentistas, etc. que estamos acostumbrado a ver.

Koekelberg, un edificio, cuanto menos, peculiar

Para entrar hay que pagar 3 €, además se puede subir a su cúpula, pero nosotros queremos llegar hasta el Museo del Cómic [página web] antes de que lo cierren, así que dejamos esa visita para otra vez… si es que volvemos algún día. En el número 20 de la Rue des Sables se encuentra el Centre Belge de la Bande Dessinée, aquí tenéis su web, en un edificio Art Nouveau diseñado por Victor Horta.

Aquí Unai hizo algún amigo

Personalmente no es un sitio que repetiría, yo me espera algo más, pero bueno, si os gusta mucho el cómic no os lo podéis perder. Hay un montón de tiras originales de diferentes cómics y algunas maquetas de personajes, como Tintin, tal vez el belga más conocido…

La verdad es que nosotros lo pillamos en parte en obras, así que igual por esos no nos gustó tanto. Bueno hicimos unas cuantas fotos y a otra cosa, mariposa. Y esa cosa era comprar los regalos y cosillas de última hora, ya que al día siguiente nos íbamos. Entre esas viandas no podían faltar los típicos chocolates, en este caso Leonidas [página web], que llevamos para casa, el trabajo, los amigos… etc. un montón de cajitas, vamos.

Vaya con los chocolates belgas, qué ricos estaban!

Y están buenos, muy buenos, así que su fama es más que merecida. Sin más con nuestros regalitos nos fuimos hacia el apartamento a preparar las maletas, con la tristeza en el cuerpo de que al día siguiente había que volver… snif.

Gastos del día:

  • Cestos de patatas fritas –> 2 X 2,8 € = 5,60 €